Columnas

16 de junio de 2015

Vidal e Insulza, la última esperanza

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Por Mauricio Morales
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

Dado que la aprobación presidencial está en su nivel más bajo y el gobierno se encuentra en el denominado “terreno de las pérdidas”, es el momento de hacer una jugada riesgosa. El cambio de gabinete, a excepción de Burgos, ha resultado en un total y absoluto fracaso. La vocería no existe o, al menos, es timorata, insegura, lenta y torpe. En Segpres el caso de Insunza, en tanto, demostró que el poder de pequeñas camarillas y grupillos que operan de manera independiente de los partidos, puede generar serios e irreparables problemas. Ha sido conmovedora la reacción de Jaime Quintana frente a los casos de Peñailillo e Insunza.

Valientemente ha reconocido que en la situación de la Segpres su partido no fue consultado. En el fondo, está aceptando que la Presidenta lo ha ignorado y que eso en parte explica los magros resultados del Gobierno. De igual forma, no son pocos los que han señalado que Peñailillo prácticamente se “arrancó con los tarros”, lo que amerita una investigación respecto al “nivel de vida” que llevaban los personeros de la G-90 del PPD. Al parecer, ese nivel de vida no se condecía con su nivel real de ingresos. Sin embargo, y en honor a la justicia, Quintana reconoció públicamente el tremendo aporte de Peñailillo para poner fin al sistema electoral binominal, uno de los enclaves más odiosos de la dictadura.

En este contexto, la aprobación llega a un mínimo histórico según Cadem-Plaza Pública. En la segunda vuelta de 2013, Bachelet totalizó poco menos de 3,5 millones de votos, que representan aproximadamente un 25% de toda la población en edad de votar. Bachelet, por tanto, ya está viendo permeado su electorado más duro, lo que amerita una decisión radical. El momento económico tampoco ayuda. Sólo un 30% califica la situación del empleo como buena o muy buena, mientras que más del 60% cree lo mismo pero respecto de la situación de las empresas. O sea, la percepción de desigualdad es evidente. Por último, un 63% cree que el país va por mal camino.

¿Qué hacer, entonces? La Presidenta debe llamar a Francisco Vidal a la vocería y a José Miguel Insulza a la Segpres. Es la única opción. Ya no hay tiempo para ponerse creativos, pues el próximo año hay elecciones municipales y si la Nueva Mayoría tiene un mal resultado, entonces se abrirán serias posibilidades para que la Alianza se quede con la presidencial de 2017. Es acá donde la Presidenta debe refugiarse definitivamente en los partidos y jugar una opción riesgosa, pero paradójicamente segura. Es riesgosa porque implica reponer a antiguos concertacionistas en el poder, lo que pondrá en entredicho el mensaje de la renovación. Pero es segura, porque tanto Vidal como Insulza son prenda de garantía de una buena gestión. Para la Presidenta es mucho más fácil cargar con la mochila de la no renovación, que con un gobierno deficiente de principio a fin.

Vidal le dará a la vocería lo que Díaz nunca podrá entregar: personalidad, valentía y seguridad. Insulza, por su parte, traerá otros atributos centrales para el buen gobierno: orden, disciplina y lealtad. La combinación de estos atributos dará espacio para que la Presidenta pueda reinaugurar en serio su segundo tiempo. El tridente Burgos-Vidal-Insulza debiese, al menos, contener la caída en la popularidad y empujar el carro hacia un terreno político más fértil. Este cambio también se traducirá en el ingreso definitivo de los partidos, haciéndolos co-responsables del éxito o fracaso del Gobierno. Los tres partidos más grandes de la Nueva Mayoría se sentirán debidamente representados, sin perjuicio de las diferencias entre las tendencias internas. Pero en este momento, la Presidenta no está para preocuparse de pequeñeces. Hoy más que nunca requiere del respaldo de tres hombres fuertes que saquen adelante algo que ya parece una verdadera pesadilla.

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