Columnas

28 de junio de 2018

Vitalidad partidaria y democracia en América Latina

Por Fernando Rosenblatt

“¿Qué explica la habilidad de un partido de mantenerse como una organización vital a través del tiempo y coyunturas históricas críticas? Uno de los principales objetivos de este estudio es responder esta pregunta. Intenta explicar cómo y por qué algunos partidos permanecen como organizaciones vigorosas que generan lazos intensos con un conjunto importante de sus militantes a lo largo del tiempo. Como contracara, este estudio se pregunta si el deterioro de la organización partidaria es inevitable. Para abordar estos temas, el libro analiza la historia organizacional de los principales partidos de Chile, Costa Rica y Uruguay, enfocándose principalmente en el devenir de cada partido en las últimas décadas… (4)

Este libro ayuda a explicar cómo algunos partidos siguen siendo canales significativos de representación democrática. Los académicos han examinado extensamente la relación entre partidos políticos y calidad democrática a través del análisis de los tipos de partidos, su estabilidad, su vínculo con los ciudadanos, su comportamiento mientras ocupan el Gobierno y la interrelación con el resto del sistema partidario. Por ejemplo, Hagopian (2005) al finalizar un libro editado sobre ‘avances y retrocesos’ en la tercera ola de democratización de América Latina sostiene que: ‘Allí donde las instituciones de representación políticas gozan de vitalidad, y donde los partidos son responsables y accountable a las preferencias de ciudadanos que pueden asociarse en las esferas civil y política, la democracia de alguna manera queda inmunizada contra retrocesos, aun cuando los sistemas bancarios colapsan y los escándalos de corrupción salen a la luz. (321)’
Entonces, es más probable que los partidos se mantengan como instituciones de representación efectiva donde sobreviven como organizaciones vigorosas. Una representación democrática saludable sólo es reproducida a través de organizaciones políticas con vitalidad. Cuando los partidos se mantienen así, las democracias están mejor preparadas para enfrentar diversos desafíos. Para entender los factores que les permiten a los partidos mantenerse vitales, debemos explicar por qué algunos partidos continúan sirviendo como destacados agentes de representación democrática para los
ciudadanos mientras que otros fallan en esa tarea”. (5)
(…)
“¿Cuáles son los atributos de la vitalidad partidaria? La edad de un partido claramente indica su estabilidad a lo largo del tiempo. Cuanto mayor cantidad de tiempo haya transcurrido desde su fundación, más longeva ha sido su supervivencia. Si un partido ha existido por muchos años, entonces es razonable asumir —dados los países que aquí se analizan— que ha logrado atravesar numerosos desafíos. De hecho, en la literatura sobre institucionalización de los partidos y sistemas de partidos, la edad de un partido ha sido extensamente usada como un indicador de estabilidad. La estabilidad de los partidos, señalada por su edad, es un primer componente crucial. Los partidos vigorosos también se caracterizan por un involucramiento intenso y persistente de (idealmente muchos) activistas y futuros líderes en diferentes tipos de actividades partidarias como encuentros, congresos o mítines. También se definen por una extensa organización partidaria a nivel territorial o funcional. Esta no es una lista exhaustiva, pero sugiere algunas de las maneras en que la vitalidad partidaria puede ser detectada. Así, la vitalidad partidaria se puede manifestar en diferentes formas y a través de distintos arreglos organizacionales. Básicamente, una organización vital es aquella que se mantiene viva en medio de los ciclos electorales. Un partido vigoroso organiza actividades entre elecciones con cierta regularidad, a lo largo y ancho del país y con la participación de militantes de distintos niveles. Un investigador llevando a cabo un estudio cualitativo en profundidad de la vitalidad partidaria debería preguntarse, por ejemplo ¿cómo hace cada organización para activar a sus miembros en cada contexto particular? ¿Cuántos militantes están involucrados? ¿Están esos militantes contratados a sueldo? ¿Cuándo se reúnen? ¿Quién está a cargo de coordinar el encuentro? Naturalmente, un partido de masas es la vitalidad partidaria en su máxima expresión. La vitalidad es una propiedad de las organizaciones partidarias que les permite reaccionar a circunstancias adversas, como la pérdida de una elección o una mala gestión de gobierno. Sin embargo, la vitalidad no es acerca de números (excepto un mínimo nivel de apoyo electoral que indica relevancia partidaria) y no refiere a la mera presencia física de diversos locales, si es que estos están usualmente vacíos o cerrados”. (7)
(…)
“Para elucidar cómo un partido se mantiene como una organización vigorosa para la representación democrática, este estudio enfatiza la interacción compleja entre cuatro factores causales. En primer lugar, para que un partido sea vital, para motivar el involucramiento de sus militantes a lo largo del tiempo, necesita una visión, una cosmovisión y un objetivo programático: un Propósito. El Propósito se manifiesta cuando una organización tiene una intensa y coherente narrativa de ideas y nociones colectivas que trasciende a los individuos que componen dicha organización. Así, defino Propósito como la habilidad de la organización para unir a sus miembros alrededor de un proyecto o conjunto de ideas que orientan sus acciones hacia su consecución. Sostengo que el Propósito activa la lealtad prospectiva entre los activistas. De todos modos, la comunión organizacional o la lealtad entre miembros de una organización voluntaria no solamente se alcanza por una lealtad prospectiva. Puede forjarse a través de la construcción de una épica fundacional anclada en el pasado. Cuando esa épica se construye sobre una experiencia real de sufrimiento colectivo, constituye una sólida fuente de lealtad retrospectiva. Así, un segundo factor que denomino Trauma, también es importante porque estimula la lealtad retrospectiva de la organización ya que se basa en una experiencia compartida por sus miembros. El Trauma y el Propósito le dan al partido un sentido de dirección como comunidad.
En tercer término, un partido debe satisfacer los intereses de cada militante con miras a la realización de sus respectivas carreras políticas. A través de las carreras, el partido induce a sus militantes a promover los objetivos colectivos: los Canales de Ambición son esenciales para la supervivencia vigorosa de un partido. La importancia de los Canales de Ambición es un factor que proviene de la versión clásica de la teoría de la elección racional. Como señala Aldrich (1995), la ambición en su sentido más estricto, debe ser canalizada por los partidos para que tengan sentido para los individuos y
que éstos deseen unirse a la organización. Si un político puede satisfacer su propia ambición dentro del partido, entonces el colectivo y los intereses individuales están en armonía. Finalmente, dado que los intereses individuales y las metas colectivas del partido no necesariamente coinciden, los
políticos ambiciosos pueden estar tentados de abandonar el barco en cualquier oportunidad. Por tanto, para que un partido mantenga su vitalidad ‘en las buenas y en las malas’, es importante que existan unas barreras de salida razonablemente altas como para evitar que los políticos no dejen el partido al primer obstáculo en el camino. La ‘Salida’ no debe ser demasiado fácil. Pero al mismo tiempo, si la salida es demasiado difícil, entonces los oligarcas del partido se pueden atrincherar en sus cargos, y esto conspira contra la vitalidad. Así, el cuarto determinante de la vitalidad partidaria
son las Barreras de Salida moderadas. Sin embargo, las Barreras de Salida producen un resultado positivo sólo si los Canales de Ambición también están presentes. La evolución histórica de los casos que examino sugiere que, inmediatamente luego de la consolidación de la organización (o sea, la institucionalización), la presencia conjunta de los cuatro factores (Propósito, Trauma, Canales de Ambición y moderadas Barreras de Salida) explica la vitalidad partidaria. De hecho, los partidos son más vitales cuando los cuatro factores están presentes. Juntos, el Propósito, el Trauma, los Canales de Ambición y las Barreras de Salida moderadas aseguran que los partidos políticos no solamente sean estables sino organizaciones políticas con vitalidad. Así, el argumento del libro postula una interacción dinámica entre estos factores”. (9-10)
(…)
“Con el paso del tiempo, el Trauma se debilita como factor de unión porque el tiempo cura las heridas y las víctimas terminan por retirarse de la política. Ejemplo de esto son las débiles memorias de la guerra civil de 1948 en Costa Rica, o de los conflictos entre el Partido Colorado y el Partido Nacional durante el siglo XIX en Uruguay. Estos viejos traumas ya no son fuente de lealtad colectiva. Sin embargo, en la izquierda uruguaya todavía reverberan las recientes memorias de tortura y exilio que aún proveen una fuente de lealtad retrospectiva. De este modo, el Trauma se erosiona a través del tiempo como factor de reproducción de la vitalidad partidaria. Mientras que el Trauma se desvanece, la vitalidad depende crecientemente del Propósito, moderadas Barreras de Salida y Canales de Ambición.

No obstante, también resulta difícil sostener el Propósito en el largo plazo. A través de los años, los partidos logran algunos de sus objetivos y a la vez se dan cuenta de que nunca podrán alcanzar otros. El desvanecimiento del Propósito parece acentuarse por los desafíos que los partidos enfrentan en los países en desarrollo (ej. falta de recursos y capacidad estatal débil) especialmente en una era de globalización. Si el Propósito se disuelve, pero persisten las  Barreras de Salida moderadas y los Canales de Ambición la vitalidad partidaria aún es posible aunque esos partidos caminan lentamente hacia el agotamiento. Este deterioro gradual es difícil de revertir porque, como muestro a través de los capítulos empíricos, es muy difícil para los líderes partidarios re-energizar el Propósito. Además, mientras las democracias se consolidan, disminuye la probabilidad de que ocurran nuevos eventos fundacionales traumáticos. Esto se observa tanto con los partidos tradicionales de Uruguay como en el PLN de Costa Rica. La vitalidad de un partido se erosiona gradualmente. En parte se debilita porque la democracia estimula la resolución moderada y tranquila de los conflictos políticos intensos. Un efecto de la pérdida de la vitalidad partidaria es que la organización pierde resiliencia y su capacidad de reaccionar a circunstancias adversas”. (10-11)
(…)
“El estudio ha explorado los factores que permiten a los partidos mantenerse como canales de representación democrática significativos. Haciendo esto, se ha abordado un asunto fundamental en la ciencia política: cómo se sostiene la acción colectiva para producir un bien público (la organización partidaria). Con este fin, el libro ha presentado un argumento causal novedoso para explicar la reproducción y persistencia de una acción colectiva coordinada a través de partidos como organizaciones políticas. He mostrado que alcanzar la persistencia es difícil y costosa, aunque es crucial. Por momentos, mantener la vitalidad partidaria puede colisionar con la representación democrática. En otros momentos, la vitalidad puede estar en conflicto con la satisfacción de intereses individuales. En cualquier caso, la pregunta de cómo los partidos políticos se mantienen vitales no es de un mero interés histórico. Organizaciones políticas vitales y estables son críticas para la democracia en el largo plazo”.(233)

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