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26 de diciembre de 2017

Catherine Reyes-Housholder describe su proyecto de investigación sobre presidencia y género en América Latina

postdoc

Catherine Reyes-Housholder, investigadora Postdoctoral de la línea Conflicto Político y Social de COES y Doctora en Gobierno de la Universidad Cornell, Estados Unidos, entrega detalles de su proyecto de investigación acerca de la presidencia y el género en América Latina, sus objetivos, metodología y la relevancia de este objeto de estudio.

¿En qué consiste la investigación?

Mi investigación aborda la presidencia y el género con un enfoque geográfico en América Latina. Los hombres históricamente han dominado el poder presidencial en el mundo, sin embargo, América Latina ha elegido más mujeres presidentas de manera democrática que cualquier región en el mundo. Hasta ahora, me he enfocado en las consecuencias de la llegada de las mujeres en el Poder Ejecutivo, y el eje principal en mi línea de investigación es sobre la relación entre el género de los presidentes y los cambios pro mujer, es decir, más ministras en el gabinete y más políticas pro mujer. Mi primer artículo de revista académica investiga las condiciones bajo las cuales las presidentas nominan más ministras que los hombres, y argumento que las presidentas tienen mayores incentivos para nombrar más ministras, pero lo hacen principalmente cuando su ministro o la oferta de ministras es más abundante. En otro artículo exploro la relación entre el género de los presidentes y políticas pro mujer y argumento que las presidentas tienen mayores probabilidades que los hombres presidentes de promover esas políticas, pero lo hacen solamente si es que tienen ciertos incentivos y ciertas capacidades. Yo concluyo que Michelle Bachelet promovió muchas reformas pro mujer no porque ella era feminista, sino que lo hizo porque quería satisfacer a sus votantes mujeres y también porque disponía de acceso a información experta de las políticas pro mujer gracias a sus relaciones con feministas.

¿Cuáles son los objetivos?

Yo busco entender las consecuencias positivas y negativas de la entrada de las mujeres a la presidencia, principalmente en América Latina, pero también en otras partes del mundo. Otro objetivo es entender los desafíos particulares que enfrentan las presidentas al momento de llegar al poder. Siempre intento aprovechar las herramientas metodológicas más adecuadas para poner a prueba mis hipótesis de la manera más sistemática y rigurosa posible.

¿Cómo se llevará a cabo la metodología?

Yo utilizo métodos históricos, estadísticos y experimentales, porque cada uno de esos métodos tiene sus ventajas y desventajas. Obviamente hay que empezar con una teoría o algunas hipótesis y después los casos históricos pueden ayudar a ilustrar una teoría. Sobre todo puede ayudar a ilustrar los mecanismos que relacionan la variable independiente, que para mí normalmente es el género de los presidentes y las variables dependientes. Tiendo a usar diarios nacionales, entrevistas, archivos legislativos como datos empíricos, históricos. Los métodos estadísticos, nos ayudan a poner a prueba diferentes hipótesis y hay que ver si es que la evidencia estadística a través del tiempo, a través de la región, también es consistente con las relaciones teorizadas. Ahora por ejemplo, estoy usando una base de datos de niveles de aprobación presidencial para 18 países latinoamericanos, entre 1999 hasta 2016.

¿De dónde nace el interés por estas temáticas?
Yo soy estadounidense y estudié en Smith College, que es una universidad de mujeres, en el Estado de Massachusetts. Allá empecé a interesarme más en las desigualdades de poder, y después de mi segundo año en la universidad, decidí hacer una práctica de periodismo en Chile. No sabía nada de este país, pero como llegué en mayo del 2005, supe que Michelle Bachelet estaba haciendo su primera campaña presidencial, entonces me fascinó el tema de las mujeres presidentas y terminé escribiendo mi tesis de pre grado sobre el género en estas campañas. Obviamente después ganaron otras presidentas, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Laura Chinchilla en Costa Rica y Dilma Rousseff en Brasil y, después de estudiar y trabajar por cuatro años en Chile y Uruguay, volví a Estados Unidos a hacer un doctorado en Ciencia Política.

¿Qué aspectos específicos de las presidentas analizas en tu investigación posdoctoral?

El estudio de género es inherentemente interdisciplinario, porque las desigualdades políticas, económicas y sociales se relacionan entre ellas, pero como estoy estudiando la presidencia, me he enfocado principalmente en la élite política, cómo toman decisiones, cómo luchan por el poder. Como también me he enfocado en las consecuencias de la llegada de las mujeres presidentas, tengo muchas variables dependientes diferentes, uso de poder, cómo los presidentes nombran a sus ministros, el uso del poder legislativo o cómo los presidentes promueven proyectos de ley y también las reacciones de los ciudadanos frente a las decisiones tomadas por los presidentes y las presidentas.

¿Cuál es la relevancia o aporte de este proyecto?

La desigualdad política entre los hombres y las mujeres tienen muchos efectos negativos y la presidencia es sumamente relevante, porque allí se concentra la mayor cantidad de poder político. Por eso, mi investigación busca entender las causas y las consecuencias de las inequidades entre los hombres y las mujeres en el gobierno, pero principalmente me enfoco más en las consecuencias.

Otro efecto negativo del dominio de los hombres en la presidencia, tiene que ver con el estilo de liderazgo y dada esta historia del dominio de los hombres, se privilegia algunas maneras de ser presidentes, de ejercer el poder presidencial. Ser duro, decisivo, autoritario, son cualidades asociadas como estereotipo con el sexo masculino, pero tenemos que preguntar si realmente este tipo de liderazgo es mejor para tomar decisiones presidenciales o si es que  mayor diversidad de liderazgo podría producir mejores resultados. Por ejemplo, con el liderazgo femenino se valorizan más la empatía y el diálogo que podrían producir eventualmente decisiones tomadas por presidentes que son más democráticas y mejor pensadas. Mayor igualdad entre hombres y mujeres podría ayudar a diversificar el estilo de liderazgo presidencial, que puede beneficiar a todos.

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