Claudio Fuentes expone acerca de reforma electoral ante Cámara de Diputados

El director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, Claudio Fuentes S., intervino invitado por la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados, con el objetivo de comentar proyectos de ley asociados a reforma al sistema electoral.

El académico destacó que Chile vive un momento particular donde existe una brecha, una distancia entre sociedad y sistema político. Lo anterior es preocupante pues la legitimidad del sistema democrático se nutre tanto de la percepción y apoyo sustantivo de la ciudadanía a los procedimientos democráticos como contar con instituciones representativas sólidas, transparentes, y efectivas.  Diversos estudios han mostrado cuatro grandes tendencias en el proceso político Chileno posterior a 1990.

Destacó entre otros signos de deterioro el declive diacrónico de la participación electoral en Chile, el declive notorio en la última década de la identificación con partidos políticos. Se ha producido una “despartidización” de la sociedad, que no significa una menor ideologización. También ha aumentado el porcentaje de ciudadanos que no se siente identificado en el Eje Izquierda-derecha. Sin embargo, cabe advertir dos cosas: primero todavía la mayoría de la ciudadanía se identifica en la escala ideológica (55%), y en años electorales tiende a aumentar esta auto-identificación. Lo interesante de observar que el año 2009 esto último aumento por primera vez no se verificó.

Sostuvo que otro de los grandes problemas, es que en términos comparativos, el sistema político no expresa la diversidad social que tenemos. Mantenemos un nivel de representación de mujeres por debajo del promedio mundial (15% en relación a 19% a nivel mundial), y por debajo de América Latina. Lo mismo podríamos decir respecto de la presencia de personas de procedencia indígena. Lo propio sucede respecto de la brecha de edad de las élites políticas de Chile en relación a democracias desarrolladas y no desarrolladas. Mientras el promedio de edad de los Presidentes en Chile es 63 años, en América Latina es 57 años, y en Europa es 47 años. En este sentido, el sistema político está congelado sociodemográficamente.

Finalmente, la confianza en las instituciones representativas no sólo es baja sino que en los últimos cuatro años ha tendido a bajar todavía más. Dos puntos a destacar: los niveles de confianza en el Congreso y los partidos no suben cuando sube la confianza en el Gobierno; lo que debiese ser factible de esperar en un sistema presidencial. Segundo, Los niveles de confianza en el Congreso y partidos nunca ha superado el 15% desde que existen mediciones.

 

En relación a los proyectos en discusión sostuvo que era pertinente evaluarlo en base a su coherencia externa e interna. La primera dice relación con el impacto que esta reforma tendría al interactuar con otras normas, instituciones y contextos políticos y sociales; la segunda con cómo ciertos principios que se busca promover son efectivamente cumplidos. En el caso de una reforma electoral, suelen estudiarse tres principios: el impacto que tendrá en los niveles de representación, el efecto en la gobernabilidad (eficacia y eficiencia) y el principio de identificabilidad.

 

Coherencia externa

Si el objetivo del legislador es mejorar la representatividad—asumiendo que este es un principio noble a promover en una democracia; entonces debemos asumir también que este objetivo se cumple al interactuar con una serie de otras normas. Es decir, si dejamos todas las otras condiciones estables y sólo cambiamos el sistema electoral; muy probablemente el resultado no será mejorar la “representatividad” del sistema. Quizás permitirá incorporar algunos partidos que hoy están excluídos, pero en términos sistémicos, no sería una reforma que solucionara los actuales problemas de representatividad.

¿Por qué ocurre esto? Porque el sistema electoral interacciona con un conjunto de otras normas que, en forma interrelacionada, promueven más o menos representatividad. Ellas incluyen el financiamiento electoral, el financiamiento permanente de los partidos, el acceso a medios de comunicación, la ley de partidos, los sistema de quórum, el balance ejecutivo-legislativo, el sistema de primarias, etc. etc. etc.

Así, lo que se requiere comprender es el impacto sistémico de una reforma como la propuesta. La reforma al sistema binominal es una condición necesaria pero no suficiente para mejorar el sistema de representación. Si queremos verdaderamente abordar la cuestión de la representación debemos como mínimo observar las siguientes cuestiones simultáneamente: el sistema electoral a nivel de Congreso; la ley de partidos políticos para abordar los procedimientos democráticos internos así como creación de partidos; el financiamiento de la política; el acceso a medios de comunicación.

Coherencia interna

Al abordar la coherencia interna, dijimos que necesitamos mirar tres dimensiones:

  • Representatividad. Aludimos aquí a la traducción de votos en escaños y esto se vincula con el tamaño de los distritos, la magnitud de umbral para aceptar a un partido, y la fórmula matemática de traducción de votos en escaños. Suele argumentarse que mientras más representativo o proporcional un sistema, mayores los problemas de gobernabilidad (o eficacia) pues en un sistema fragmentado o con muchos actores resulta más difícil gobernar. La solución a este dilema (representación vs. gobernabilidad) son los umbrales (que sean altos), y magnitudes de distritos (que no se fragmente mucho la distribución de escaños).
  • Efectividad. El segundo principio es la efectividad. Ya dijimos que un sistema debe ser evaluado en la capacidad e incentivos puestos en el sistema para formar alianzas estables y mayoritarias de gobierno.
  • Identificabilidad. Un tercer aspecto es la identificabilidad, esto es, el vínculo directo entre el ciudadano y su representante. Un sistema de lista abierta, por ejemplo, incentiva el vínculo personal del ciudadano con su representante. Esto reduce el vínculo programático. En cambio, sistemas de listas cerradas y bloqueadas aumenta el peso de los partidos—si además estos partidos son programáticos, entonces se limita la identificabilidad, y se incrementa el peso programático de los partidos.

Podemos, entonces, establecer una escala asociada a cada uno de estos ámbitos y evaluar los distintos sistemas electorales en base a su representatividad, efectividad e identificabilidad. No hay soluciones mejores y/o peores, sino que hay soluciones distintas. Ahora bien, es sabido que el sistema binominal tiene un alto nivel de identificabilidad; pero bajos niveles de representatividad y es mediano en términos de efectividad.

Finalmente, el académico, evaluó los cuatro proyectos en discusión sosteniendo que, primero, resultaba importante incrementar los grados de representatividad del sistema político; segundo, que parecía aconsejable establecer una reforma de ajuste temporal de la proporción de congresistas en relación al crecimiento demográfico del país; tercero, que salvo una propuesta, la mayoría tendía sólo a realizar ajustes menores a la representatividad, por lo que no tendrían efectos esperados en mejorar la calidad de la representación; y finalmente, que resultaba apropiado discutir esta reforma electoral en el marco de la discusión de dos reformas adicionales: financiamiento de partidos y reforma a ley de partidos políticos.

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Comision Camara 12 11 2012

 

 

 

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