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Sociología de la empresa e incertidumbre

Tanto sus últimos blogposts cómo en la página web de su consultora, Eugenio Tironi ha comentado la necesidad de una sociología de la empresa en Chile. En un documento con un poco más de detalles, Tironi sugiere, siguiendo el trabajo de Michel Callon y más generalmente de la ANT, que el concepto clave es “incertidumbre”. Para Callon las empresas no pueden evitar la incertidumbre, ya que parte importante de los eventos inesperados que deben enfrentar todo el tiempo son productos de su propia acción. Por ejemplo, un bien resulta contener un elemento contaminante del que no existía conocimiento antes de producirse y los afectados se constituyen en un grupo organizado de protesta que cambia la forma como este producto es valorado, o, en un sentido inverso, consumidores descubren un nuevo uso de un bien en circulación, lo que abre un mercado que no estaba en los cálculos de nadie al momento de diseñarlo. No puedo estar más de acuerdo con la apuesta de Tironi, la incertidumbre es una muy buena puerta de entrada para una sociología de la empresa hoy, pero, creo que Callon representa una entre otras muchas llaves posibles a este tema, y, que este ejercicio resultaría mucho más interesante si se realizara en diálogo con otras maneras de estudiar la relación entre incertidumbre, empresas y negocios.

La noción de incertidumbre (en oposición al riesgo calculable) tiene una muy larga historia en la discusión sobre empresas. De hecho, una figura algo olvidada de la Escuela de Chicago, F. Knight sugirió -en 1921- que los negocios sólo excepcionalmente se desarrollan en un contexto en que conocemos los potenciales futuros escenarios y la probabilidad de sus ocurrencias, sino que más bien, la actividad empresarial suele desplegare en un horizonte incierto. A su juicio, entonces, el estudio de la economía debería hacerse cargo de este hecho. Extrañamente, este principio terminó siendo una de las principales preocupaciones de la sociología económica desarrollada en los últimos 30 años. De hecho, se ha llegado a afirmar que la pregunta común que definiría al campo de la sociología económica sería estudiar los mecanismos sociales para lidiar con la incertidumbre en la vida económica. Existe una amplia gama de análisis de los elementos sociales utilizados para reducir la incertidumbre en la actividad económica. Por ejemplo, B. Uzzi ha estudiado cómo empresarios combinan redes de contactos personales e impersonales para recolectar información y hacer negocios en mercados inciertos, tales como el crédito. N. Fligstein, por su parte, ha sugerido que las empresas tienden a organizarse en campos políticos, lo cual, además de limitar el acceso de actores disruptivos, les permite lidiar como actores colectivos con un potencialmente incierto contexto político y de regulación. Por otra parte, los neo-institucionalistas, DiMaggio&Powell han mostrado además cómo las organizaciones reducen incertidumbre imitando lo que hacen otras organizaciones (cómo una forma de management o seguir un tipo de acreditación específico).

Sin embargo, quizás el trabajo más radical en esta dirección ha sido desarrollado por un autor una generación anterior a los autores recién mencionados, Harrison White. White sugiere que no sólo hay elementos extra económicos (como las redes personales, la organización política, o la imitación) utilizados para controlar el contexto económico, sino que los mercados, en sí mismos, son una forma de reducir incertidumbre. Para White, los productores se agrupan en mercados, como una forma de dar con otros relevantes, que les permitan evaluar su propia acción. En este contexto, los actores económicos se orientarían a la diferenciación de calidad y la búsqueda de nichos específicos para sus propios productos. Autores de la Escuela de la Economía de las Convenciones en Francia han complementado esta visión, señalando el papel que cumplen elementos cómo rankings, críticos, etc. en la producción de estos nichos de calidad, y cómo, la administración económica varía en cada uno de estos espacios sociales. Además, desde esta perspectiva, resulta central seguir cómo empresas se enfrentan a la incertidumbre de estar entre diferentes formas de evaluación (por ejemplo: una universidad que ha ido creciendo y tiene que utilizar al mismo tiempo una administración propia de instituciones de investigación, y de aquellas cuyo negocio se centra en atraer la mayor cantidad de alumnos posibles).

Por último, la empresa misma también puede ser una fuente de incertidumbre. Por ejemplo, D. Stark ha sugerido que hoy en día las organizaciones no necesariamente siguen un solo patrón de evaluación para su propia acción, sino que deben lidiar entre varios principios (siguiendo con el ejemplo de la universidad, este es el caso, cuando al mismo tiempo de debe producir buenas clases, investigación académica, y extensión). Para Stark las empresas innovadoras no intentan imponer un valor específico a esta pluralidad, sino que extraen valor de la disonancia entre diferentes formas de evaluación. Por otra parte, Boltanski y Chiapello han mostrado que las empresas además deben lidiar con críticas que muchas veces surgen de la misma empresa, lo que abre transformaciones inesperadas en las organizaciones. Así, por ejemplo, la firma industrial cambió a partir de las críticas de sus obreros, y más tarde la empresa burocrática, desde la insatisfacción de sus ejecutivos. Hoy en día es posible un cambio similar a partir de la crítica ambientalista.

Entonces, Callon está lejos de ser el único autor que sitúa la incertidumbre en el centro de la activad económica. Sin embargo, esto no implica, por cierto, que este autor no aporte algo nuevo. En efecto, Callon ha mostrado convincentemente que además del contexto social y político, los mercados y la misma empresa, los bienes son fuentes de incertidumbre. A mi juicio, una sociología de la empresa que tenga la incertidumbre en el centro debería hacerse cargo de estas múltiples dimensiones, y quizás el primer paso es dar con lo que ya se ha investigado en cada una de estas direcciones en Chile. Mi impresión es que ya hay algunos importantes avances.

José Ossandón

24 Comments

  1. Excelente post.

    Sólo agregar dos cosas. Primero, siguiendo con Stark, es que otra manera de entrar al tema de la incertidumbre es a través de las formas organizacionales que se adoptan para (a) reducirla (dispositivos de calculabilidad de todo tipo), (b) abosorverla (las heterarquías de Stark) y (c) aprovecharlas (la noción, por ejemplo, de foros híbridos de Callon).

    Lo segundo es con respecto a la pregunta (fundamental para la empresa) de qué hacer con la incertidumbre. En el mismo espacio de Tironi Asociados me publicaron una reacción al documento de E. Tironi (http://www.tironiasociados.com/inicio/noticias.php?id_noticia=551). En esa respuesta hago un llamado de atención a no caer en la tentación de asumir ‘incertidumbre = irracionalidad de los públicos’, que es como muchas veces se asume. No siempre se habla tan agresivamente de ‘irracionalidad’, pero sí de una entidad externa y diferente (a la empresa) con la que habría que entrar en contacto y dialogo para evitar conflicto y reducir incertidumbres. Muchas veces, incluso, se asume que esos Otros tiene racionalidades tan válidas como la de la empresa. Esa visión a llevado a la proliferación de dispositivos de participación ciudadana que muchas veces lo que hacen, paradojalmente, es perpetuar una separación entre expertos y legos: el lego es validado e incluso se dialoga con el/ella, pero sigue siendo un actor que no co-construye junto a la empresa. Lezaun y Soneryd (2007) lo ponen más brutalmente, diciendo que estos dispositivos participativos construyen un ‘ciudadano participativo’ que es, finalmente, bastante inerte (L y S lo llama directamente un público ‘idiota’). El tema de fondo es que la incertidumbre es sólo incertidumbre si se desborda; no es posible domesticarla, y ese es, a mi juicio, el gran mensaje de Callon. Lo que se debe hacer, más bien, es ‘cabalgarla’ y aprovecharla para abrir nuevos mundos, los que serán siempre inciertos… asumir esa suerte de incertidumbre ontológica es el gran desafío de la empresa chilena.

  2. jose says:

    Claro, aunque los desbordes continuos de Callon son más interesantes para el analista académico que para las empresas. Me imagino que las empresas están buscando formas de explotar incertidumbre pero con cierto nivel de control (de ahí que son todos managers…). Hace poco visito UDP Melinda Cooper de la U de Sydeny, que está investigando la industria farmacéutica. Ella contaba cómo la idea de productos betas en ese caso surgió a partir de demandas de parte de grupos con enfermedades graves, que exigían derecho a usar drogas aun no totalmente aprobadas (pues eso podría tardar años). Finalmente ganaron este derecho, y la industria re-absorbió el asunto transformando la excepción en regla. Es decir, el pre-testeo con persona devino una manera de probar para que realmente sirven las drogas (de hecho viagra era para otra cosa). Sin embargo, la historia no termina acá. Y el punto de Cooper es cómo en este nuevo contexto aparecen nuevas demandas que tienen que ver con el trabajo no pagado. Desborde del desborde y probablemente espacio para otras empresas de encontrar una mejor solución.

  3. Súper interesante. La verdad es que, en lo personal, esto me introduce en una literatura que no conozco en absoluto. Lo mío es más banal. Más inductivo y más instrumental. Por esto me interesa sobremanera un diálogo que académicos como Uds., que ven las cosas desde otra parte y con otro fin…
    Lo que les puedo agregar es que a raíz de mis posteos, columnas e intervenciones recientes, donde he dejado de tomar el mundo de la empresa como un asunto de los empresarios, o como algo sagrado e intocable y sobre el que no cabe una reflexión critica sino a riesgo de ser tildado de “socialista”, he tenido reacciones muy abiertas desde el campo de la propia empresa. Ésta, en Chile, necesita repensarse, pues tiene hoy una práctica que no se condice con la narrativa que utiliza para “justificarse” (ando metido ahora con Boltansky), construida con retazos de sus traumas de los 70, de lo aprendido en sus MBAs, y de lo que plantean algunos cantinfleros sobre la “reputación corporativa”.
    Ahora bien, desde la sociología, por Dios que es poco lo que se hace para entender este monstruo central de nuestras vidas, como es la empresa. Siempre me ha interesado (y fascinado), al punto que soy parte de este monstruo. Pero ahora quiero organizar una reflexión más integradora. Sobretodo porque, creo, que la empresa es la gran olvidada de los recuentos de “cómo Chile cambió” desde el 90 a esta parte. De hecho sobre esto hablé la otra noche a más de 100 gerentes y supervisores en Los Pelambres, en la cordillera de la 4a región, y es mi tema en la columna de EM del martes. Por lo mismo, me encantaría sumarme a un círculo más amplio de reflexión y debate.

  4. jose says:

    Sin duda cómo se justifica la empresa parece ser central, aunque, al menos si Boltanksi y Chiapello tienen razón debería ser importante enfocarse en la relación entre la empresa y sus críticos actuales y pasados. En este sentido quizás los retazos de los traumas de los 70s, los MBAS o los gurues de la reputación corporativa podrían ser también una forma de entrar a transformaciones pasadas. Por ejemplo, según mi experiencia estudiando las ISAPRES pareciera que la identificación de esa industria con discursos de derecha de los 70s no sólo tiene que ver con una vieja retórica sino porque fue una industria que se constituyó en un momento donde no había ninguna opción de participar de una privatización siendo de izquierda, produciendo una combinación de actores muy identificados con la dictadura; por su parte, Ramos en su libro de los cambios recientes en la empresa en Chile muestra que las nuevas formas de gestión (muchas veces transmitidas via MBAs) no son sólo retórica sino un conjunto de prácticas que cambiaron la empresa en los últimos 20s años; o, E. Salvaj ha estudiado como con las licitaciones y la última ola de privatizaciones llegaron nuevos actores (cómo las empresas españolas) con una forma mucho más práctica de lidiar con los reguladores (por ejemplo, siempre incluyendo directores cercanos al gobierno de turno). De la misma forma Angélica Thumala en su libro parece dejar claro que la influencia de grupos religiosos como el opus dai tampoco son sólo retórica….

    Quizás sería interesante combinar un poco las dos miradas, el ojo más fino de Boltanksi & cia sobre el papel productivo de las evaluaciones y formas de justificación, y el estudio de las redes de conexiones sociales, tan importante en la sociología económica de eeuu. En esta línea quizás el antecedente más importante sigue siendo el trabajo de 1974 (con información de los 60s) de Maurice Zeitlin publicado en American Journal of Sociology, donde propone que la principal característica de la empresa en chile es el gran conglomerado familiar, que produce una red complicadísima de propiedad, directorios, gerentes, conectados por algún tipo de vínculo de parentesco.

  5. Tomando el último punto sobre los mba’s y en general la educación de la gente que se dedica a los negocios y al trabajo en empresas. Quería comentarles algunas ideas…

    El aporte de todas las ciencias sociales y más aún de las humanidades al estudio de las organizaciones es algo que las escuelas de management de UK tienen incorporado desde la política de cierres de escuelas de sociología de Tacher. Esto es claro en mi escuela de administración (University of Leicester) donde trabajan anthropologists, sociologos y varios en el área de la filosofía de las organizaciones.

    Creo que un punto relevante para Chile puede ser la diferencia de “cosmología” que existe en los estudios de ingeniería (de todo tipo pero especialmente de Ingeniería Comercial) en Chile y los estudios de ciencias sociales.
    En este sentido, la sociología de la traducción también puede ser útil. Pero creo que toda la literatura de objetos frontera también serviría (incluyendo los STS en general y no sólo la sociología de la traducción o enfoques con sensibilidad ANT).

    La influencia de las escuelas de negocio es tema de actual estudio -al menos en teoría- de varios. ¿Será posible hacer una reflexión grande sobre a dónde nos llevan los conceptos y modelos que actualmente se enseñan en las escuelas de negocio? Aquí, recurriendo nuevamente a Callon y cía., sería interesante preguntarse por la “performatividad” de dichos “devices” cuando los nuevos ingenieros salen a aplicar dicho conocimiento al mercado laboral.
    Al menos, eso fue lo que creo haber vivido cuando estudié y trabajé como Ingeniero Comercial con un MBA de la PUC.

    Un texto que puede avanzar sobre el estudio de el efecto de los MBA (que creo se puede extender fácilmente a la realidad de Chile) es el de Rakesh Khurana, “From Higher Aims to Hired Hands”. Si bien no construye explícitamente sobre la justificación, en un enfoque más humanista muestra la historia del entramado de las escuelas de negocio en USA.

    Volviendo sobre el riesgo (parece que me fuí para otro lado, disculpen…) En mi actual investigación he visto como el desarrollo de tecnologías en “start-ups” altamente riesgosas es compartido. En mis datos, los modelos económicos neoclásicos – y también los más modernos, llamados behaviourals- no funcionan para nada…Por ello, no me quedó otra que volver a replantearme las preguntas y mirar en áreas como la antropología y la sociología.

    Si bien es interesante el estudio de las redes sociales, como comenta José. Creo que no menos importante sería el estudio ethnográfico de organizaciones en Chile. Allí creo hay bastante camino por recorrer. Especialmente en temas como el riesgo de implementar nuevos proyectos y nuevas tecnologías.

    Espero haber podido aportar algún valor a esta interesante discusión.
    By the way, gracias por cita bibliografía sobre “evolutionary economics” en el área de convenciones.

  6. Muy interesante el intercambio.
    Hoy escribí algo más al respecto en EM (http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/08/03/adaptacion.asp).
    Lo q veo es que el mundo empresarial sigue anclado en la narrativa de los 80-90, que como dice José, fue eficaz para diferenciarse de los militares y de sus antepasados; pero que hoy no dice relación alguna con lo que efectivamente hacen, ni de lo que han hecho desde el 90 hasta acá, en parte por presiones, pero en parte también por convicciones.
    A mi me interesa no hacer la arqueología de sus nociones originales (lo que es muy importante desde un punto de vista académico), sino analizar cómo éstas son contradichas por sus prácticas, haciendo que lo que perdure de ellas sea apenas una caricatura.

  7. jose says:

    Se agradecen los comentarios. Conectando un poco lo de Juan y Eugenio, creo que la “arqueología de formas de justificación” en este caso no es sólo importante como aproximación a lo que pasó alguna vez, sino como manera de aproximarse a la constitución de actores colectivos en las empresas que aun existen. Boltanksi hizo algo muy interesante con la historia de los “cadres” en Francia y como terminaron deviniendo un actor reconocido por todos (desde propietarios hasta encuestas nacionales de caracterización ocupacional). Yo esperaría que las formas de justificación en la empresa hoy combinen elementos de diferentes ordenes, como familiar, más profesionales tipo MBA, de “Chicago”, religios, etc…Los que al mismo tiempo se conectarían a diferentes tipos de actores que han ido surgiendo en distintos momentos. Quizás lo que busca Eugenio ahora es participar en la elaboración de un nuevo tipo de justificación para hoy¿?. Lo que no me queda claro es ¿En que tipo de empresas y actores de éstas están pensando?

  8. tomas undurraga says:

    Que buen posteo y que interesante discusión.

    Comparto la relevancia de una sociología de la empresa, especialmente por la posición preponderante de empresas y empresarios en Chile. Estoy con José en el contrapunto original que Callon y la incertidumbre es una llave de entrada muy interesante, pero que combinar el papel productivo de las evaluaciones y formas de justificación – a la Boltanski, y el estudio de las redes de conexiones sociales permitiría entender mejor la posición y las conductas de las empresas chilenas.

    Me parece relevante para una sociología de la empresa dar cuenta de los cambios en su relación con el entorno. Igualmente interesante aparece una arqueología de las nociones originales de los empresarios y sus justificaciones – los 70s y los decives de los MBA – y la contradicción actual con sus prácticas, como sugiere Euegnio Tironi -ETB. Pero una sociología de la empresa, a mi juicio, debiera observar también lo que pasa con los trabajadores, y las relaciones de poder entre estos y los empresarios. Las justificaciones de los trabajadores para adherir a la empresa chilena es otro aspecto central a estudiar. Esa es la pregunta original de Boltanski y Chiapello (2005)– la necesidad de una justificación para adherir al capitalismo. ‘Flexibilidad laboral y subjetividades’ editado por Álvaro Soto (2008) da algunas pistas sobre la experiencia de trabajadores subcontratados – y sus anhelos de pertenencia a la empresa. Pienso que las condiciones de dictadura de esta ultima fase de modernización de las empresas sigue siendo una pieza central para entender las desigualdades de poder dentro de la empresa. Como le escuche una vez a ETB, una de las reconciliaciones pendientes a los quiebres post 73 es entre sindicatos y empresarios. El carácter desbalanceado de la modernización de las empresas chilenas que describe Ramos (2005), en que managers integran modelos de gestión y tecnologías modernas, pero las relaciones de colaboración con trabajadores son escasas y la reflexividad dentro de la empresa es baja, estaría ligado al mismo quiebre. Las desconfianzas y el carácter jerárquico en las empresas chilenas limitaría el potencial creativo e innovador. Que los niveles de conflictividad de los sindicatos hoy sean menores, no me parece evidencia suficiente para dar por superado ese quiebre – como sugiere la columna ‘Adaptación’ de ETB. Mas bien diría que grafica la desigualdad de poder entre empresarios y sindicatos – si no, como explicar que el 60% del empleo en Chile es de mala calidad (Sehnbruch, 2009). En síntesis, una sociología de la empresa debiera considerar tanto los cambios de la empresa con el entorno, como las justificaciones de empresariados y trabajadores, y la relacion entre ambos. El Critical Management Studies (Forbes & Willmott, 2006, Parker 2002) es quizas un enfoque que puede dar otras luces.

    La introducción de practicas de participación ciudadana como el PRES, positivas por el empowerment ciudadano y por las soluciones creativas que pueden surgir, como destaca Manuel Tironi, las tiendo a leer como estrategias de adaptación de las empresas a su entorno. Ya decía Claudio Ramos (2005) que el ajuste al entorno y la comercialización son las estrategias predominantes de la nueva empresa chilena. Que los empresarios hayan dejado de lado la defensa del modelo económico como principal discurso, y que aun no configuren un nuevo relato, no me parece que evidencia un cambio profundo de sus nociones. No creo que las convicciones de los empresarios que Angélica Thumala (2007) describe en profundidad hayan cambiado en 5 años – ni por el nuevo entorno, la integración de la variable medioambiental o el terremoto. Su religiosidad probablemente sigue siendo la misma; sus ‘devices’ de management y economía también. La defensa ideológica del modelo simplemente es menos necesaria. Pero la homogeneidad de formación y criterios de los managers chilenos, el sesgo orientado al control y la métrica, tendiente al riesgo controlado antes que la incertidumbre, sigue siendo su sello distintivo. Incluso recargado, pues integra nuevas variables a sus herramientas de gestión – como la ambiental y sus criticas. La novedad del PRES mas bien reflejaría el carácter altamente adaptativo y en constante mutación (De Landa, 2002; Thrift 2005) de las empresas. Para bien, es de esperar que la integración de practicas participativas haya llegado para quedarse.

    Excelente comentario de Manuel ‘El paso que viene’ en las precisiones y diferenciación entre participación ciudadana y foros híbridos. Me quedo dando vuelta la ultima pregunta ahí planteada, sobre el día que las empresas propulsen la incertidumbre como espacio creativo, y éste lo capitalicen productivamente. Espero estar equivocado, pero me parece que ese día aun esta lejos en Chile. Por las desigualdades al interior de las empresas – de poder, conocimiento y toma de decisiones; por la homogeneidad de los managers chilenos – y su tendencia al control y la métrica, y porque la diferencia expertos/legos sigue vigente – la validez de los MBA son evidencia de eso mismo. Como resaltaba Juan Felipe Espinoza, los nuevos ingenieros y managers cuando salen a aplicar su conocimiento al mercado laboral vienen “performateados” por los “devices”, el lenguaje y el enfoque de ingeniería comercial y los MBA. Y los cambios para integrar ‘la nueva mirada’ de la empresa en esos programas aun parecen menores. Una disciplina como los Estudios Criticos de Management, que ponen al centro la pregunta por el poder en las empresas, si bien presente en los MBA en UK, tiene poco espacios en los programas formativos de Ingeniería Comercial y los MBA chilenos. Y para el mundo de las empresas, quien quiera ser gerente requiere estar certificado por estos MBA. Los ranking de los MBA, guste o no, siguen siendo mas relevantes en la selección de personal que la integración de antropólogos y mediadores con las comunidades.

    Saludos!

  9. jose says:

    Muy interesante todo lo que agregas Tomás! Me parece que levantas tres muy buenas preguntas: ¿cómo entender a la empresa a partir del papel de los trabajadores desde las reformas de los 80s? ¿quienes son los managers de la empresa chilena? ¿y el papel de la economía y otras formas de toma de decisión cuantitativa en los managers en Chile?. Sólo agregaría dos sub-preguntas: tu primer tema se conecta con una muy importante controversia jurídica-técnica-social que sigue aun, que es cómo se establecen los límites de la empresa y su responsabilidad jurídica. Es interesante pensar que al mismo tiempo que se está discutiendo una nueva forma de comprender la empresa, se negocian sus límites jurídicos (algo de esto en un post antiguo: http://www.icso.cl/practicasculturales/?p=278). Y segundo, ¿cual es el actor a seguir para una sociología de la empresa? Gerentes/dueños/directores?, ¿o son las combinaciones entre ellos?

  10. jose says:

    Recomiendo la discusión entre E. Tironi y E. Matte acá:
    http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/08/06/evolucion-de-la-empresa-en-chi-2.asp
    http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/08/06/evolucion-de-la-empresa-en-chi-2.asp
    Al respecto es interesante cómo en los últimos días han aparecido formas diferente de justificación en la publicidad de empresas como SODIMAC (meritocracia, trabajo de menores, ecología) e incluso de AFPS (sobre contratos). Sin embargo, creo que se minimiza el argumento de Matte verlo sólo como una forma exogena de justificación. El pack de Chicago (especialmente el que recibieron MA students y luego los estudiantes de la PUC), es un complejo sistema moral, que combina una visión de actores racionales con una comprensión de los mercados como algo que es al mismo tiempo empirico (algo que funciona todo el tiempo), pero también ideal, como una forma más eficiente, y en cierto sentido más justa, de institución social. En este contexto, mercados son vistos como formas de solucionar problemas sociales tradicionales (pensiones) y emergentes (crisis ambiental). Para entender mejor la profundidad de esto, desde los propios actores, recomiendo el libro: “La Escuela de Chicago: Una Mirada Histórica a 50 Años del Convenio Chicago/Universidad Católica. Ensayos en Honor a Arnold C. Harberger”,editado por Rosende.

  11. Tomás: Gracias por traer a la palestra el trabajo de los CMS.

    A propósito del interesante tema que se ha planteado en el foro de el Mercurio entre el empresario Matte y Eugenio Tironi, sería bueno mostrar algunos de los trabajos que se encuentran realizando académicos en el área de los CMS. De hecho, Stephen Dunne -de la “nueva camada” de los CMS- ha centrado su anális en el tema de la RSE. Uno de sus papers aquí: http://www.informaworld.com/smpp/content~db=all~content=a793612425~frm=titlelink
    También su tesis completa aquí: https://lra.le.ac.uk/handle/2381/4552
    Dunne levanta un argumento contra la idea de que el pragmatismo en la materia de la RSE es algo natural, algo “correcto” ó incluso una “disposición superior”. Es de hecho, una discusión teórica con la idea de RSE que plantea Milton Friedman.
    Esta discusión ha sido al interior de una escuela de management que intenta mirar de manera crítica a las prácticas de la enseñanza de de ese modelo de RSE y al efecto práctico en los futuros “managers”.

    Yo creo, siguiendo a José, que será necesario mirar la historia del “paquete” que la gente de la escuela de Chicago ha entregado en la PUC y através de la difusión local, de varios otros lugares de enseñanza de economía y administración de Chile. Esto es particularmente cierto en casi todas las universidades que han formado elites en las áreas de economía y administración. De hecho, me aventuro a decir que la ortodoxia de Chicago (neoclásica) permeó -al menos como ejemplos teóricos- casi todos los programas de ingeniería comercial en Chile. Lamentablemente no datos comprehensivos, pero sí algunas entrevistas con actores relevantes de varias de las escuelas más importantes de Chile. Por último, es particularmente interesante no quedarse sólo en la literatura e ideas de Friedman, también mirar las de Gary Becker…por citar algunos. Ella avanza claramente sobre un entendimiento económico de la sociología.

    Como final, quisiera comentar un punto que no deja de sorprenderme. Este tiene que ver con la forma en que varios posteradores en los foros de EM siguen mostrando unas posturas extremas y muy ideologizadas. Un posible análisis de esos post, aunque es muy “bias” sería interesante ¿O no?. O tal vez es muy tarde y estoy escribiendo puras tonteras hace rato…

  12. tomas undurraga says:

    Que atingentes las sub-preguntas que planteas José. ‘¿cual es el actor a seguir para una sociología de la empresa? Gerentes/dueños/directores?, ¿o son las combinaciones entre ellos?’ Sin duda ellos son una mitad a seguir – la otra, como tu mismo planteabas en el post anterior, pienso que son las experiencias de trabajadores en las actuales condiciones de contratación y sub-contratación.

    Sobre que actor seguir para entender al empresariado – gerentes, dueños, directores o una combinación entre ellos: todas las anteriores. Me parecen muy interesantes las trayectorias independientes de estos subgrupos, así como sus combinaciones. Una de sus particularidades del empresariado es la interrelación de sus vínculos (Monckeberg 2001, 2005, 2007, 2009) y la homogeneidad del marco interpretativo, herramientas de gestión y devices. En entrevistas con ellos me sorprendió que muchos profesores de los MBA son a la vez directores de empresas, que muchos directores fueron antes gerentes y que los dueños están formados con el mismo marco de MBAs. Entonces independiente de las trayectorias de los subgrupos, estos actores operan con criterios muy similares que se refuerzan en su interacción. Los directorios son altamente orientados a la gestión y resultados. Las leyes del mercado aparecen dadas y se naturalizan en su operación – el complejo sistema moral del pack de Chicago como decía José – en que el mercado es un ideal pero a la vez es empírico. La fortaleza del circuito cultural del capitalismo (Thrift 2005) en Chile –ICARE, Think Tanks, Prensa Económica, MBAs, Universidades pro Business – y su influencia en el mundo de los empresarios potencia ese marco interpretativo. En consecuencia, claro que es difícil renovar el relato empresarial.

    Mi impresión es que la trayectoria mas novedosa es quizás la figura de los ‘gerentes’ o ejecutivos, quienes se han consolidado como expertos en management. La visibilidad que tienen en la Prensa es especialmente particular. Hay algo de la cultura de celebrities que se ha mezclado con los gerentes: se les identifica claramente en la prensa, se destacan las historias de éxito en sus gestiones empresariales y los círculos de Icare certifican sus especialidades. Los nuevos ministros de Piñera son el mejor ejemplo del éxito de los gerentes – muchos llegaron ahí por sus gestiones como managers.

    Juan Felipe: comparto tu impresión que la ortodoxia de Chicago (neoclásica) permeó -al menos como ejemplos teóricos- casi todos los programas de ingeniería comercial en Chile. Seria interesante hacer un estudio de las mallas curriculares de los MBA y de Ingeniería Comercial, y su evolución en las últimas décadas en Chile. Smith (2007), por ejemplo, revisa las mallas curriculares de las escuelas de negocios en Estados Unidos y se da cuenta que han disminuido crecientemente los cursos de historia del management, presentando cada vez mas esta como una disciplina neutra.

    Saludos!

  13. Algo abrumado con tantas ideas inteligentes. ¡Y yo q creía q en Chile no despegaba la sociología económica –o más específicamente, de la empresa!!!
    Varios comentarios. Primero, me parece MUY atingente lo de Tomás respecto al lugar de los trabajadores y de los sindicatos en el entramado empresarial chileno contemporáneo. Es, no hay duda, el convidado de piedra” –cuando no el “chivo expiatorio”. Es mucho más fácil para las empresas la adhesión a la RSE o a la causa del cambio climático, …que promover la sindicalización. Éste despierta el más furioso de todos los traumas. Pero si se va a hacer una relectura de la evolución de la empresa desde los 80 o bajo la democracia, es un aspecto que no puede estar ausente. No digo las relaciones laborales en sí, sino la concepción de las mismas x parte de la dirección de las empresas.
    Comparto con José que lo de Matte –aunque dicho algo toscamente– tiene un trasfondo enorme. Pero desmontarlo nos lleva a una discusión que lleva siglos. Lo que creo abordable es analizar la disociación entre ese modelo (el llamado de Chicago) y la práctica de las empresas –e, incluso, sus declaraciones. Aquí está, creo, la falla geológica que me interesa explorar. No me interesa dejarme caer desde arriba (desde las ideas o ideologías) sino desde abajo; desde las prácticas hoy desnudas de un marco interpretativo potente, y que por ende deben pedirlo prestado a gurúes de la “reputación corporativa”.
    Creo que hay que tener cuidado con fetichizar los MBAs y todo lo que DICEN los ejecutivos y empresarios. El curso I de los MBAs es “haga todo lo que haya que hacer, diga todo lo que haya que decir, para hacer rentable a su empresa”. Y cómo los chilenos son buenos alumnos, lo han hecho. Y al hacerlo, se mandaron a guardar gran parte de lo que les enseñaron en los cursos teóricos o doctrinarios de la PUC o la UAI o los MBAs. Esto me interesa: lo q hicieron, y no cómo lo interpretan. Esto mismo me lleva a ser cauto con el trabajo de Thumala. Ahí estaban hablando desde la devoción, no desde el negocio.
    Entiendo que muchos de ustedes –o todos ustedes– están más interesados en hacer la arqueología de la justificación. Lo que a mí me interesa es, más bien, la arqueología de la adapación, y cómo ésta –para tener éxito, como la tuvo– se ha tenido que alejar de los principios de justificación aprendidos y declarados (y x cierto repetidos canónicamente cuando doctorantes les va a a entrevistar).
    Hoy sigo en el tema, nuevamente en El Mercurio. http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/08/10/concepto-de-empresa-1.asp

  14. jose says:

    Sigue muy interesante esto. Un comentario conceptual a partir del último comentario de Eugenio acá y en el diario. Estoy muy de acuerdo que Boltanksi puede ayudar mucho en esta discusión. Eso sí me parece que lo de los múltiples de valor no es una mejor puerta de entrada que lo de B&Chiapello sobre el nuevo espíritu. Esto pues los múltiples ordenes de valor son más un dato que siempre se da, más que una constatación histórica. Es decir, toda empresa debe lidiar con disputas en torno a decisiones que pueden ser justificadas desde diferentes formas de evaluación ((Por ejemplo, contratar a alguien puede justificarse porque “lo conocemos” (fue al mismo colegio, univ…); por “eficiente”; por su precio “sueldo”, y por supuesto, decisiones pueden ser criticadas desde un principio de evalución diferente (“esto es nepotismo”, “o no meritocrático”, o “ineficiente”)). Esto siempre pasa y es más un dato que algo muy abierto a cambio histórico.
    Diferente es lo del espíritu del capitalismo. Según ellos, es posible re-leer a Weber y decir, que empresas no sólo necesitaron un empujon espiritual en un momento único (reforma); sino que, todo el tiempo, necesitan de una justificación que las trascienda, y les pérmita lidiar con sus críticos. Así, para ellos, espíritu y crítica evolucionan juntos. Lo que además tiene que ver con aparición de actores colectivos que son los que crítican en cada momento. La empresa de Weber cambia ante la tensión con la religión (cómo hacer dinero y estar bien con dios); la empresa industrial cambia ante la crítica por mejores condiciones de trabajadores (cómo hacer dinero y mantener trabajadores contentos); y la empresa post-fordista, cambia por la crítica de los ejecutivos que necesitan mayores recompensa y flexibilidad (como hacer dinero y ser innovador). Por supuesto, así como en cada momento surgen actores nuevos, en también surgen ideologías que permiten ordenar el asunto (tal como el bienestar y todo lo de la empresa burocrática, y posteriormente, todo lo de proyectos, flexibilidad, innovación). Hoy uno podría esperar algo parecido con críticas ambientales, es decir, que se constituyan en grupos de presión (de consumidores o afectados) y que empujen a la empresa a hacerse cargo de ésto y con ello cambiar (como hacer dinero y ambientalmente correcto).

    Obviamente la historia que cuentan B&Ch tiene algunos problemas (por ejemplo, es demasiado nacional, y no considera impacto de redes internacionales de “justificación”, o los “circuitos del capitalismo” de Thrift), pero de todas formas permite pensar algunas preguntas para Chile. Primeramente, ¿corresponde esta historia? La empresa en Chile parece haber dependido históricamente más de la negociación con el estado que con sindicatos, y la empresa de chicago, más que innovadora, parece justificarse en términos de “progreso”. Segundo, ¿desde donde viene la presión que estaría cambiando la ideología de la empresa en Chile ahora? Sin es desde sus propias prácticas, ¿son entonces los nuevos ejecutivos?. Desde esta perspectiva el asunto no es encontrar un discurso que explique las prácticas reales, sino primeramente, si existe una crítica fuerte que este haciendo la empresa adaptarse a un contexto diferente.

  15. Cierto que los “principios de justificación” (PJ) de B&CH son excluyentes sólo conceptualmente, pque en la realidad se superponen, especialmente en la realidad de la empresa, como ellos mismos lo destacan. Pero lo que llamamos “identidad” de una empresa está dada x aquel PJ dominante. Así, mientras en el caso de Apple es la “inspiración”, en el de Microsoft será el “industrial” y en Dell el de “mercado”. Los mismo pasa con empresas chilenas: por ejemplo, un Aauco “industrial” y un CMPC “doméstico”. Pero ciertamente coexisten los diferentes PJ siempre.
    He estado pensando precisamente cuales han sido los drivers de la evolución empresas chilenas, y q las ha llevado a mutar en su “mix” de PJ. Pregunta es clave. No han sido los MBAs, por las razones que aquí se han dado: más bien ellos han sido parte de la resistencia. Tampoco la fuerza laboral o los sindicatos, cuyo peso es nulo. Distingo en principio 3: las reglas institucionales (o sea, el mundo político), la globalización (y sus reglas respectivas), y el recambio generacional. Pero es un tema clave a explorar.

  16. jose says:

    Interesante la conexión entre PJ e identidad de empresa, lo que va más profundo a las economías de las convenciones y la producción de nichos de mercados. Mi impresión es que en empresas con un nicho de mercado muy ganado o situaciones muy estables, las empresas pueden conectarse tan claramente a un principio, y el resto debe lidiar con la incertidumbre de ser evaluada desde uno u otro lado (o produciendo de esa fricción a la Stark). Una pregunta, ¿hacia donde estarían mutando empresas como CMPC y Arauco? Para un desarrollo algo empírico de alguna de las hipotesis planteadas pueden ser utiles los c. II y III de mi tesis de phd – http://www.icso.cl/images/Paperss/enactment.pdf . Para el caso de las ISAPRES, donde los cambios vienen de la política. Sin embargo, no siempre en la misma dirección: desde la regulación se ha tendido a pasar un bien más industrial (en sentido de que lo que se compite es cada vez más estandard), por otra parte, desde el gobierno se introdujo la idea de “garantías”, y ahora, la mayor sorpresa de todas, desde el TC!, re-pensar cómo se le pone precio a los seguros. Cada uno se asocia a una “retórica” diferente: competencia e information economics, usuarios y ciudadanía, igualdad legal. Saludos.

  17. martin tironi says:

    Apasionante intercambio!

    Un comentarios solamente, y alguien lo dijo ya por aquí, pero creo fundamental insistir en ese punto: para entender la arquitectura de las formas de justificación de la empresa en estos últimos años en Chile, es necesario analizar no solamente los discursos, sino principalmente cómo han sido “equipados” esos regimenes de justicia/justificación. Uno de los grandes aportes a mi juicio del trabajo de Boltanski y Thévenot en De la justification no consiste únicamente en decir que disponemos de trasfondos filosóficos (los famosos 6 modelos de justicia o mas bellamente las 6 citès) para justificar nuestras acciones, sino que cada cité se encuentra anclada a una serie de dispositivos, que pueden ser desde tecnologías hasta instituciones, libros, power point, etc. Los procesos de justificación, si pretenden algún grado de generalidad y robustez, tienen que ir acompañados de instrumentos y recursos, de técnicas y conductos específicos. A lo que voy es que estos regímenes de justificación/justicia están distribuidos en mas lugares que en los puros discursos, y están formateados por muchos otros agentes que se han ido incorporando en la “nueva empresa chilena”. Hay que buscar los lugares de inscripción de ese nuevo “espíritu” empresarial, esos microdispositivos de apoyo y anclaje. Me imagino, por ejemplo, la cantidad de nuevas técnicas introducidas en la empresa para ayudar a los “ciudadanos” a convertirse en consumidores (ver el gran trabajo de Cochoy) y a los trabajadores a convertirse en agentes motivados. La evolución de la empresa chilena tuvo suscribirse a muchos normas, instrumentos, prácticas (provenientes de los más recónditos lugares, desde las escuelas de MBA en Chicago hasta nuevos estudios marketing comunitario en Palo Alto en California) para poder convertirse en “nueva” empresa y justificar su acción con el entorno. Saludos

  18. Tomas Ariztia says:

    Martin. Muy de acuerdo con tu comentario. Si el objetivo es trazar una sociología de las empresas, un tema alucinante consiste en estudiar los dispositivos desarrollados por éstas y como se han ido convirtiendo en parte de los repertorios con que contamos para definir y evaluar a distintos colectivos sociales. Pienso sobre todo en las técnicas de investigación de mercado, las clasificaciones del marketing (GSE) o los “insights” de la publicidad. Creo que dada la ubicuidad de la cultura y el discurso empresarial, estos dispositivos no solo tienen efectos en términos de inscribir y mantener los ppios de justificación de las empresas, o de facilitar la “captación de públicos” (a lo Cochoy), son también parte central en la producción de categorías sociales. Por ejemplo, me pregunto qué sería de las clases medias “emergentes” (y de los productos y servicios que las empresas hacen pensando en ellas) sin los artículos de la revista del sábado, los congresos de ICARE o los comerciales de Faundez en los 90. Saludos, T.

  19. [...] del tipo de discusión que podría darse acá, dos ejemplos del blog de icso, uno sobre sociología de la empresa, y otro sobre mercados en la educación en [...]

  20. Llego tarde a la discusión pero aun a tiempo quizá para hacer un ejercicio de traducción.
    El desafío hoy en día, me parece, es articular la arqueología de la justificación con la arqueología de la adaptación, en nuestra sociedad organizacional, lo que implica no solo hacer un repertorio los principios de justificación, sino también observar los comportamientos, su evolución y la evolución de las justificaciones. Es un programa arduo, pero ya se han imaginado maneras.
    Los principios de justificación, independientemente de su arqueología institucional, técnica o ideológica, pueden interpretarse como reivindicaciones cognitivas o normativas, es decir, como tentativas (estrategias micro-políticas) por influir en el contexto: en las reglas de producción, en las reglas de intercambio o en la definición de los comportamientos legítimos (regulación); en el tipo de saberes que se consideran pertinentes, en los actores que tienen “derecho a saber” o en la orientación de las actividades (aprendizaje); o en los mecanismos de vigilancia y de sanción de los comportamientos oportunistas y en la atribución de acceso a los recursos (control). Así mismo, el contexto determina en gran parte, pero no completamente, la manera en la que los actores jerarquizan los diferentes sistemas de justificación (o identidades) que coexisten y “luchan” por dominar una actividad.
    En esta visión “guerrera” de la vida inter-organizacional, es posible estudiar, a través de las redes de interdependencias (contratos, alianzas, servicios, favores), cómo los actores, individuales o colectivos, logran o no modificar el contexto, y como el contexto los lleva a adaptarse, a cambiar, a elegir otras justificaciones. El objetivo es entender a la vez quién logra cambiar la norma (o evitar que sea cambiada) y quiénes deben adaptarse, es decir qué recursos, qué relaciones se necesitan para dominar y cuales son indispensables para sobrevivir. El supuesto es que hay una dependencia (que se debe explorar) entre las relaciones, es decir entre la elección de un interlocutor u otro (elecciones que en su conjunto pilotean la emergencia de las comunidades o grupos de interés), y las reivindicaciones o principios de justificación de los actores. Estudiar la arqueología de la adaptación como dice E Tironi, equivale a estudiar, me parece, las “justificaciones en acción”, es decir las justificaciones como reivindicaciones co-consturidas y en constante cambio, lo que implica explorar la relación que existe entre principio de justificación y posición social, entre comportamiento e interés, entre norma y estructura.
    Muchos saludos y gracias por esta estimulante discusión, aps.

  21. Uf! Cómo ha crecido la conversación! Me parece todo súper fascinante. Y me quedo con lo último que dice Tomás (y Martín) y lo vinculo a la pregunta que hace José sobre cuál es el actor a seguir en la sociología de las empresas. Creo que es súper interesante que comienzan a surgir híbridos -nacidos de la interacción entre empresas, científicos, economístas, servicios de consulting, oficinas de publicidad, etc- que empiezan a circular por y a tranzarce en los mercados. O sea los dispositivos de los que habla Tomás no sólo son performativos (categorías que ayudan a crear el objeto catalogado) sino que también ayudan a producir nuevas entidades económicas, nuevos ‘market beings’ antes inexistentes. Y como dice Martín, estos nuevos seres se encriptan en objetos, documentos y mecanismos varios. Pienso por ejemplo en:
    - las certificaciones (fair-trade, orgánico, ISO, LEED, etc).
    - las grasas trans (o el tema nutricional, los low fat, etc.)
    - las denominaciones de origen.
    - la huella de carbono.
    De qué están hecho estos seres? De un montón de cosas. Lo que está claro, como dice Martín, es que no son discursos ni categorías, sino que criaturas que, por de pronto, tiene vida propia y empiezan a poblar y a crear mercados. Se podría decir que estos híbridos son productos de las oficinas de consulting y publicidad, pero también es cierto que son frutos de larguísimas controversias científicas, y que emergen de regulaciones y nuevas normativas, y finalmente también es cierto que son híbridos que se ‘hacen’ en las propias empresas y que circulan y se venden y se constituyen en los mercados…
    A lo que voy es que la sociología de la empresa también podría seguir a estos seres laterales, a estas entidades emergentes, seguir a las grasas trans porque en ellas van inscritas los regimenes de interacción o la red de interacciones -legales, económicas, científicas, comunicacionales, materiales, morales, tecnológicas- que forman una ‘empresa’ (o que derechamente hacen ‘lo económico’).

  22. Seguir entonces los agencements?

  23. [...] post anterior tenía un objetivo delimitado, reforzar la incertidumbre cómo puerta de entrada a una [...]

  24. [...] en este blog sobre la necesidad de tomar en serio la empresa chilena como objeto sociológico (ver aquí o acá), sobre las cualidades de los métodos y técnicas de investigación social en hacer existir [...]

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