Columnas

21 de agosto de 2020

Bochincheros, Rafaela Carrá y el penal de Caszley: así era Chile el 82, el año de la última gran crisis económica

Por Claudio Barrientos y Francisco del Campo

Hace 38 años el país atravesó una de las peores crísis económicas del siglo XX. Proceso que se suele comparar con el actual, pero que presenta importantes matices, detallan expertos.

Fue el año del estreno de películas como E.T. Pero la ciencia ficción del director Steven Spielberg no era lo único. Blade Runner, Gandhi y Rocky III, eran otras de las cintas que llegaron a las salas de cine en el mundo en 1982.

El año en que Michael Jackson lanzó su hoy famoso álbum Thriller. El mismo en que Argentina invade las Islas Malvinas, para luego entrar en una guerra con Reino Unido.

Primeros años de los 80 cuando la moda aún estaba influenciada por los setenta. Predominaban colores como marrones y naranja, “apagados” si se comparan con la explosión cromática y de diseño que se vería al avanzar la década. Época en que vestirse al estilo de jugador de tenis, con cintillos y pañuelos en el pelo, como lució el cantante español Miguel Bosé ese año en Viña del Mar, era la moda.

Hace 38 años la televisión chilena transmitiría los últimos capítulos del programa infantil Los Bochincheros (que se vio entre 1976 y 1982 en el Canal 9 de la U. de Chile, hoy Chilevisión), que hizo famosas canciones como La Colita es Mía, Eco, Hola Don Pepito, Hola Don José, entre otras. Meses del segundo año de transmisiones del primer programa de videoclips en Chile: Magnetoscopio Musical.

El año 1982 tuvo un verano marcado por el Festival de Viña del Mar, que por primera vez tenía el título de Reina del Festival, que logró la cantante italiana en el peak de su carrera, Raffaella Carrà, y que contó con la polémica participación del grupo inglés The Police, una de las principales bandas mundiales en ese momento.

Distinto sería el invierno. Un histórico temporal, entre el 25 al 28 de junio, produjo intensas precipitaciones en cinco regiones y afectó a más seis millones de personas. Evento que produjo el desborde de las aguas del río Mapocho en Santiago, que se graficó en la caída de un Austin Mini blanco, el 28 de junio. Pero la mayoría de la población lo apreció en blanco y negro: menos de un tercio de los hogares chilenos contaba con televisor en colores, indica el Censo de ese mismo año.

Pero también fueron tiempos de recesión económica mundial. Y Chile no fue la excepción. La caída de la producción en más de 13% y un desempleo superior al 26%, marcarían el inicio de unas de las peores crisis económicas del siglo XX.

Crisis y penal

Junto a la crisis económica, también había una social. “Las analogías futbolísticas son pésimas, pero una excepción a la regla podría ser, en este caso, rememorar el penal perdido en el Mundial de España de 1982 (el del rebelde Carlos Caszely)”, señala sobre el ánimo de esos meses, Miguel Urrutia, académico de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile.

El penal y la participación de Chile en la Copa Mundial de Fútbol que tuvo a Naranjito, una naranja con el uniforme de la selección española y con un balón bajo el brazo izquierdo, como mascota, se inscribe dentro de un contexto, agrega Rodrigo Figueroa, sociólogo y profesor de Sociología de la U. de Chile, quien estudia la relación entre fútbol y sociedad. A fines de 1981 se habían intervenido bancos y lo mismo ocurrió antes del inicio del Mundial. “Vivimos en un escenario dictatorial, y había un sentido de oscuridad, miedo y angustia por una crisis económica brutal”, destaca.

El 17 de junio de 1982, Figueroa comenta que vio ese penal por la televisión, junto con sus compañeros en la sala de clase. “Y así miles de jóvenes y niños, ese día en la mañana”, indica.

La jugada Carlos Caszely en el debut ante Austria, fue una proyección de lo que pasaba en la sociedad. También un golpe de realidad, dice Figueroa. “Marcó, en parte, el inicio de un proceso más determinante, el verdadero partido de las generaciones de jóvenes en aquella época, luchar por el retorno a la democracia. Años después Caszely, de cara al plebiscito, marcaría su mejor penal al intervenir en la franja electoral”.

Matías Petersen, investigador del Centro de Estudios e Investigación Social Signos de la Universidad de los Andes, dice que en materia económica los años previos estuvieron marcados por reformas estructurales diseñadas por los llamados Chicago boys, “privatización de empresas previamente expropiadas, liberalización de controles de precios existentes, reducción de aranceles a la exportación, tipo de cambio único, etc.”.

En materia política, la constitución diseñada por la comisión Ortúzar había entrado recientemente en vigencia, “pero el régimen seguía atravesado por conflictos internos y los niveles de represión política eran considerables”, dice el investigador de la U. Andes.

Pero llegó la crisis. “La crisis fue muy profunda, la peor que había enfrentado la economía chilena desde la Gran Depresión del 29”, dice Petersen. Solo para tener una referencia, agrega, el promedio anual de quiebras en la segunda mitad de los años setenta fue de 277; en 1982 fue de 810. “Quienes más sintieron los efectos de la crisis fueron, como siempre, los sectores más vulnerables”.

Ese año, agrega Urrutia, sin pretender plagiar el famoso título Byung-Chul, filósofo y ensayista surcoreanose inauguró en Chile la sociedad del agotamiento. “La dictadura había conseguido que dos Premios Nobel de economía hablaran del ‘milagro’ chileno a partir de 1977. Pero todo ello se derrumbó con la recesión mundial del 82. Fue entonces una sociedad en la que se agotó el corto milagro económico y la corta idea de un autoritarismo constitucional. Lo interesante fue que la población hizo del agotamiento un dispositivo en contra del miedo extremo”.

Los 80, la década de la última gran crisis económica

En 1982, Chile contaba con 11.329.736 millones de habitantes. La esperanza de vida al nacer, según el Censo de ese mismo año era de 72,4 años para ambos sexos. En el caso de hombres era de 68,9 años y para las mujeres era de 76 años.

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