Columnas

5 de mayo de 2020

Cuarentena en familias vulnerables: Cuando la pura voluntad no basta

Por Vicente Inostroza

La pregunta es ésta: ¿Hasta dónde es sostenible una cuarentena cuando sólo las ganas de cumplirla no bastan? Es el caso de familias de Puente Alto, El Bosque, Quinta Normal, Pedro Aguirre Cerda y otras comunas cuya vulnerabilidad social y económica les complica mantener el encierro. Son hogares que no han sido beneficiarios de los paquetes fiscales destinados a ayudar al 60% más pobre de la población. Aquí cuatro testimonios; y la opinión de expertos en economía y académicos sobre las medidas anunciadas y la posibilidad de que estos vecinos realmente cumplan el confinamiento.

“Son semanas las que no he podido trabajar. El supervisor me dijo: ‘No se puede hacer nada. Estás en cuarentena y no has podido ir’. Desconozco cuánto (dinero) recibiré, si alcancé a trabajar una pura semana en el mes”, dice Raúl Rosas, vecino de Puente Alto en cuarentena.

Hace cinco años que Raúl se desempeña como maestro de terminaciones y pintor en una constructora pequeña. Tiene contrato indefinido y recibe el pago de sus cotizaciones, además de un bono de almuerzo y de transporte. Lleva en total cinco semanas sin ir a trabajar: a las tres semanas de cuarentena por vivir en Puente Alto se suman otras dos de marzo en las que la empresa decidió parar las actividades por miedo a la propagación del contagio. Esos días de marzo sí fueron pagados íntegramente, pero la empresa obligó a los trabajadores a tomarse o adelantar diez días de vacaciones. Raúl firmó, sin ver, el talonario.

Raúl vive con su esposa Sandra Lagos y su hijo de 15 años en una casa en el sector de Bajos de Mena. Desde abril del año pasado, Sandra no tiene trabajo estable tras haber sido despedida como asesora de hogar en una casa del barrio alto. “Desde que quedó mi señora sin trabajo, me fui a las pailas por correr con todos los gastos. Tengo dos créditos de consumo que pagar, uno del auto y otro del pie del auto. El primero es de 180 mil pesos y el segundo es de 127 mil pesos. La primera semana de abril me tocaba pagar los créditos y ya estoy atrasado. Me llaman y me llaman y les digo que no puedo pagar, que estoy sin trabajo por cuarentena”, dice.

En abril, Sandra logró conseguirse un reemplazo como asesora del hogar en una casa en Chicureo. Rompiendo la cuarentena y pidiendo un permiso para ir al supermercado, Raúl fue a dejar a su esposa a una estación de metro, desde donde un familiar la recogió para llevarla a Chicureo. Por una semana le pagaron 120 mil pesos, con lo que le alcanzó para comprar algo de mercadería.

Raúl y su familia, por ahora, logran pagar las cuentas básicas del hogar y no dejar de comer, pero si la cuarentena en Puente Alto se prolonga, no tendrán más opción que salir a la calle.  “Si siguiéramos en cuarentena, se acabaría la plata. No sabríamos qué hacer. La empresa donde trabajo no está pagando, se desligaron de uno. Y a ellas el gobierno les dio el favor como pymes. Uno está jodido, no puede hacer nada, no puede reclamar”, dice Raúl, quien no recibió ningún anexo formal a su contrato ni fue acogido por la actual Ley de Protección al Empleo.

MIRADA CRÍTICA DE LOS EXPERTOS

No son pocos los hogares que, como el de este vecino de Puente Alto, tienen dificultades para cumplir la cuarentena legal. En la Región Metropolitana, las comunas que hoy se encuentran en cuarentena son El Bosque, la zona poniente de Puente Alto, Quinta Normal, Pedro Aguirre Cerda, la zona nororiente de San Bernardo, Independencia, la zona norte de La Pintana, la zona sur de San Ramón, Estación Central, la zona norte de Ñuñoa, y la zona norte de Santiago centro.

El 19 de marzo, el Presidente Sebastián Piñera anunció una ley para entregar por una sola vez el bono Covid-19 de 50 mil pesos por carga a las familias que pertenezcan al 60% de mayor vulnerabilidad y que reciban actualmente el Subsidio Único Familiar (SUF). Los hogares, que mayormente viven del empleo informal, ya empezaron a recibir el monto. Raúl Rosas no es beneficiario de este bono porque recibe un ingreso formal por trabajo.

Un mes después, el 20 de abril, tardíamente el gobierno anunció un proyecto de ley de “Ingreso Familiar de Emergencia”, el cual también beneficiará a familias pertenecientes al 60% más vulnerable del país y cuya fuente de ingresos sea mayoritariamente informal. Finalmente, otra ley despachada por el Congreso permite acceder a los fondos del Seguro de Cesantía a los trabajadores formales que no han sido despedidos, pero que no pueden ir a trabajar.

De acuerdo a los expertos de economía y políticas públicas entrevistados por The Clinic, el Estado ha respondido de manera “lenta” y “desordenada” a las necesidades de los hogares más vulnerables y ha ofrecido montos “insuficientes” o “inmediatos/de corto plazo”.

Andrea Repetto, economista y académica de la Escuela de Gobierno de la UAI, directora del centro de estudios Espacio Público, dice: “Para que las personas se puedan quedar tranquilas en sus casas, es crucial que cuenten con recursos para poder comprar comida, pagar sus cuentas, el arriendo, financiar sus compromisos. En pocas palabras, saber que van a poder llegar a fin de mes”. Y agrega: “Creo que el Estado ha sido lento, que ha ido mirando el problema según el origen de los recursos (si formales o informales, si con contrato o por cuenta propia) sin mirar en realidad cuál es la situación de las familias”. Cree, además, que se está dejando fuera a mucha gente: “Las personas en los deciles justo por arriba del 60% también se han vuelto vulnerables y si tienen ingresos por cuenta propia no van a recibir ayuda”.

Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación Sol, cree que el bono Covid-19 tiene “un valor absolutamente insuficiente y que permite costear lo mínimo para un hogar”. Alega que le llega sólo a un 15% de la población y que no son beneficiarios los trabajadores sin contrato, ya que la mayoría que recibe el Subsidio Único Familiar no está en el trabajo remunerado.

Kremerman explica que el Ingreso Familiar de Emergencia es un monto focalizado que no va a cubrir ni siquiera la línea de la pobreza, monto mínimo para la supervivencia de un hogar. La línea de la pobreza es de 448.324 pesos para un hogar promedio de cuatro personas. “Por ejemplo, para un hogar de cuatro personas del 40% más pobre, se va a entregar un bono de 260 mil pesos el primer mes. Ya el tercer mes baja a 182 mil pesos. El primer mes, el equivalente es un 57,7% de la línea de la pobreza y el tercer mes es de un 40% de la línea de la pobreza”, señala. Para el tercer quintil, es decir, las familias entre el 40 y 60% más pobre, los montos son aún menores: en el tercer mes, un hogar de este sector apenas recibirá un 27% de la línea de la pobreza.

LA DISYUNTIVA

Pamela Cortés (30) y Alejandro Contreras (35) son feriantes y vecinos de la comuna El Bosque. Contraviniendo la cuarentena, Pamela sale casi todos los días de su hogar con su hijo de 11 meses para vender ropa usada en puestos desocupados de la feria. Alejandro vende collets, pinches de pelo y aros en el mismo mercado. Antes se ganaba la vida vendiendo helados y chocolates en la micro. Pamela estudió hasta cuarto medio; Alejandro llegó a octavo básico.

“No tenía para cocinar hoy día, entonces tuve que ir a trabajar a la feria. No pudimos sacar el permiso porque yo no tengo internet y no tengo para llamar por teléfono”, dice Pamela. Ella recibe una pensión de invalidez de su abuelo fallecido, de 100 mil pesos. También es beneficiaria del subsidio familiar de alrededor de 12 mil pesos. Se lamenta que no haya recibido el bono Covid-19, porque paga 130 mil pesos de arriendo y con lo poco que están trabajando no pueden solventar sus gastos. La razón por la que no recibió el bono, dice, es porque es beneficiaria de una pensión.

“Estamos pasándola mal con mi marido y con mi hijo. Se nos viene la fecha para pagar el arriendo y no tenemos cómo pagarlo. La municipalidad se ha olvidado de nosotros. De repente tenemos que conseguirnos plata con mi cuñada o mi suegra para cocinarnos o comprarle alguna cosa a mi hijo”, dice Pamela.

De acuerdo al recientemente publicado “Atlas de Indicadores Espaciales de Vulnerabilidad ante el Covid-19 en Chile”, el 74% de los hogares en El Bosque, donde vive Pamela, son vulnerables. El índice elaborado por el Centro de la Producción del Espacio (CPE) de la Universidad de Las Américas identifica las zonas urbanas de Santiago con mayor riesgo de contagio y los sectores donde la vivienda es más vulnerable para enfrentar el aislamiento social en el contexto de la pandemia. San Ramón y Pedro Aguirre Cerda, comunas que también sobrellevan una cuarentena, tienen un 86% y un 73% de vulnerabilidad, respectivamente.

La gran paradoja de Pamela es que, si sale de su casa y quiebra la cuarentena para generar ingresos, arriesga su salud y la de su familia. Pero si se queda en la casa, sin poder trabajar, se muere de hambre. Esta discusión se ha llevado a nivel político y económico en todos los países. La economía de los hogares, la salud de las personas, y la economía empresarial son los tres pilares fundamentales que han tratado de sostener los países a través de distintas fórmulas.

¿Qué ha pasado en Chile? “Efectivamente si uno colocara en orden de relación, dónde están los acentos de los paquetes económicos, se parte por ayudar a las empresas”, dice Marco Kremerman. El investigador habla de los planes de garantía estatal para que la banca pueda entregar mayores créditos a las empresas, la posibilidad para que éstas puedan suspender las relaciones laborales de los trabajadores, y una serie de líneas para postergar impuestos previsionales mensuales, o impuestos a la renta. En segundo lugar, señala, el estado ha puesto su energía en mantener la salud de la población imponiendo las cuarentenas parciales; y, en tercer lugar, están los hogares. “Allí las ayudas no son universales, son para grupos focalizados y son montos muy acotados. Son montos complementarios, paliativos, pero no sustitutivos”, dice.

Para Vicente Inostroza, cientista político y coordinador del Observatorio de Gobierno e Innovación Pública UDP, elegir entre los tres pilares no debería ser una disyuntiva sino una sinergia complementaria donde se debería buscar como objetivo común la tranquilidad, la seguridad y la dignidad de las personas. “Hablo de seguridad, por ejemplo, en la economía familiar, de tener un sostén básico y poder atravesar los desafíos económicos mes a mes. Hablo de salud para no contagiarse de un virus desconocido que está circulando a través del contacto social. También de una economía empresarial para aquéllos que tienen pequeños emprendimientos, economías locales que quieran salir adelante”, dice.

El cientista político piensa que en Chile esta disyuntiva ya fue zanjada por parte de los movimientos sociales a través de lemas tan emblemáticos como “Hasta que la dignidad se haga costumbre”. Dice: “La pandemia va a develar y va a poner en debate las falencias y las críticas que ya habían hecho diversas personas en los movimientos sociales que surgieron en octubre”.

LA OPCIÓN DE UNA RENTA BÁSICA FAMILIAR

Valentín Salvo (20) vive con sus dos abuelos, sus tíos y dos primas en una casa de Quinta Normal. La vivienda, de aproximadamente 70 metros cuadrados de superficie construida, tiene dos dormitorios, otro anexado, un patio delantero y un patio trasero. En una pieza duerme Valentín, en otra sus dos abuelos y en la tercera duerme su tío Marcelo, su pareja y dos hijas de 8 y 4 años.

Ver en The Clinic

En Portada

cerrar