Columnas

5 de mayo de 2020

El indulto: el día después

Por Ana María Stuven

Cerca de 2 mil personas están abandonando los recintos penitenciarios en estos días. Quienes han recibido el indulto conmutativo seguirán en prisión domiciliaria; en cambio, quienes obtuvieron la libertad condicional deben iniciar su proceso de inserción social e, idealmente, laboral. El indulto descongestiona en parte el hacinamiento, aunque represente solo el 5% de la población recluída. Mientras, la preocupación al interior de las cárceles crece. Comienzan a aumentar los casos de Covid 19, ya no solo en el Penal de Puente Alto; recién se constataron 2 internas y 2 gendarmes contagiadas en el Centro

Penitenciario Femenino, lo cual pone presión sobre la necesidad de testeos en forma urgente.
Si bien el indulto es una buena política para evitar el contagio exponencial, el problema que se presenta ahora tiene que ver la situación de las personas al día siguiente después que recibe el beneficio. Chile es uno de los países con mayor tasa de población penal en el mundo y sin embargo se discute poco sobre el desafío de inserción que experimentan al salir quienes han tenido una condena. La literatura internacional habla de una serie de obstáculos comunes a personas que han estado privadas de libertad: la búsqueda de un hogar, idealmente fuera del contexto de violencia y delito que han conocido a lo largo de su vida; el restablecer sus vínculos familiares y sociales que han sido dañados por la distancia; el encontrar y mantener un empleo que les permita sostenerse y sostener a otros. Los antecedentes son muchas veces una barrera adicional en este desafío.

Con tasas de escolaridad más bajas que los hombres y un mercado laboral que tiende a ser más precario para la mujer, la mujer que sale en libertad se enfrenta al doble desafío de alejarse del delito y mantener económicamente a sus hijos. Sin embargo, quienes han salido hoy de la cárcel lo hacen en un contexto económico precario e incierto. Además, las condiciones impuestas por la pandemia dificultan el trabajo informal que es, prácticamente, el único trabajo al que ellas acceden. Enfrentadas a estas dificultades, algunas encontrarán la “ayuda” de quienes esperan contar con ellas para su negocio. “Un kilito para empezar”, le dicen sus antiguos jefes a las mujeres que actuaban de micro-traficantes.

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