Columnas

20 de mayo de 2020

La crisis social del coronavirus amenaza con reavivar las protestas en Chile

Por Rossana Castiglioni

La lucha ciudadana contra la desigualdad social y económica que estalló en Chile en octubre del pasado año, con constantes protestas y episodios de violencia, amenaza con despertar del letargo en el que quedó sumida desde la llegada del coronavirus, reclamando ahora ayuda para poder comer.

El caldo de cultivo para nuevas protestas lo sirven los más de medio millón de empleos que se han destruido en el país entre marzo y abril, ante el cese de actividades productivas y económicas por las cuarentenas decretadas para tratar de contener el avance del coronavirus.

La pandemia ha generado una crisis social y económica que provocará un incremento de la pobreza que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en Chile puede pasar del 9,8 % de 2019 al 13,7 % en 2020, en el peor de los escenarios, y cuyos efectos ya han comenzado a sentirse en las calles.

El primer aviso lo dieron este lunes los vecinos de la localidad de El Bosque, en la periferia sur de Santiago, donde el desempleo, el hacinamiento y la pobreza acechan todavía con más dureza en tiempos de COVID-19, y que salieron a la calle a protestar contra el «hambre y la miseria», motivando la intervención de la policía y reavivando escenas propias del estallido social del año pasado.

«No es contra la cuarentena, es contra el hambre», declaró una de las personas que se manifestó en El Bosque, en el inicio de la primera semana en la que la totalidad de la capital chilena se encuentra confinada, tras una fuerte subida en los contagios, que se sitúan ya en la barrera de los 50.000 y han provocado más de 500 muertes.

El frenazo en seco de las actividades ha afectado también al empleo informal, que supone un ingreso de subsistencia para los sectores más humildes, donde ya se ha comenzado a hablar de «pandemia social».

«Si bien es cierto que Chile tiene uno de los sistemas laborales más formales de América Latina, estamos hablando de que hay 2,6 millones de personas con un trabajo informal, es mucha gente, y a ellos, al día de hoy, prácticamente no les ha llegado nada», dijo a Efe Rossana Castiglioni, académica de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales de Chile.

La experta aseveró que si a la gente no le llega comida, ni productos básicos, ni ingresos, «va a ser muy difícil para el Gobierno que permanezca en sus casas desmovilizada».

LAS AYUDAS DEL GOBIERNO, CLAVE PARA CONTENER PROTESTAS

Para paliar las consecuencias sociales de la pandemia, el Gobierno anunció una serie de ayudas a las familias cuya gestión puede ser clave, en opinión de Castiglioni, para que se reactiven las protestas o se mantenga esa especie de «pacto de no agresión» que dejó en pausa las movilizaciones cuando en marzo se empezaron a diagnosticar los primeros casos de COVID-19 en Chile.

El presidente Sebastián Piñera informó el domingo de un programa para entregar 2,5 millones de canastas con alimentos y productos de limpieza a hogares vulnerables y de clase media necesitada, y tras las protestas de este lunes volvió a intervenir para pedir tranquilidad a la población y prometer que estas ayudas llegarán al 70 % de las familias del país y se empezarán a entregar entre finales de esta semana y comienzos de la siguiente.

Junto a esta ayuda, el Estado entregará una monto económico de un máximo de 65.000 pesos (unos 80 dólares) por cada integrante de las familias que perciben ingresos informales y que han visto disminuidos estos recursos debido a que no pueden trabajar a causa de la emergencia sanitaria por coronavirus.

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