Columnas

27 de julio de 2020

La desconfianza radical

Por Claudio Fuentes

Vivimos un momento histórico, nos recuerda el autor. Nunca se les ha preguntado a los chilenos si quieren cambiar la Constitución y cómo quieren hacerlo. Sin embargo, los chilenos llegamos a esta oportunidad única preguntándonos dónde está la letra chica, arrastrando años de desconfianza y también de razones para sospechar. En este relato personal y honesto, el autor examina esa desconfianza y el rol que han jugado los expertos en el proceso de distanciamiento entre elites y ciudadanos. Intenta responder a la pregunta sobre cómo las ciencias sociales pueden contribuir a generar espacios cercanos de participación ciudadana.

Luego de las movilizaciones sociales de octubre pasado, en el Laboratorio Constitucional de la Universidad Diego Portales que coordino, subimos a las redes sociales un aviso ofreciendo apoyo a las comunidades para explicar el proceso constituyente que se ponía en marcha. Nos contactaron diversas organizaciones y personas. Establecimos un equipo de estudiantes y profesores que voluntariamente quisieron participar. Analizamos el acuerdo político de noviembre, preparamos algunos materiales, y nos dispusimos a colaborar con información para dicho proceso.

Lo que expongo a continuación son mis propias anotaciones y reflexiones a partir de varias decenas de conversatorios presenciales y online en las que he sido invitado. He participado en seminarios, cabildos y conversatorios en Lo Prado, Lo Valledor, Pudahuel, Peñalolén, La Florida, Las Condes, Santiago-Centro, Recoleta, Vitacura, Concepción, Temuco, San Bernardo, La Granja, Providencia, Valdivia, Curicó, Rancagua, por citar algunas comunas. Los grupos han sido diversos: pobladores, vecinos de algún sector, empresarios, estudiantes secundarios, dirigentes de organizaciones sociales, migrantes, funcionarios públicos, profesionales y sindicalistas. He estado en casas particulares, colegios y escuelas, sedes sindicales, locales vinculados a la Iglesia Católica, sedes de juntas de vecinos, universidades y plazas.

Este relato que presento no es pormenorizado, ni intenta ser “representativo” del conjunto de la población. Los lugares a los que he concurrido no fueron preseleccionados con una muestra aleatoria, estadísticamente representativa o nada por el estilo. Lo que pretendo aquí es reflejar algunas de las inquietudes, temores y percepciones que emergen de las múltiples conversaciones que he tenido en estos meses y que me han hecho reflexionar sobre nuestro rol como académicos, los desafíos del sistema político y las relaciones sociales tan fracturadas en nuestra sociedad.

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