Columnas

19 de marzo de 2021

La nueva “normalidad” del proselitismo electoral

Por Carlos Meléndez

Los tiempos pandémicos son un reto para el normal desarrollo de los procesos electorales no solo por las medidas de distanciamiento social para el día de los comicios, sino también pensando en que los candidatos puedan realizar sus actividades proselitistas. La múltiple campaña electoral que se desarrolla en la actualidad -en la que se eligen alcaldes, concejales, gobernadores y convencionales constituyentes-tiene una particularidad adicional: la interacción cara a cara entre políticos y electores se ha visto limitada obligatoriamente, potenciando aún más las virtudes y defectos de la comunicación mediática. ¿Cuáles son las consecuencias de este tipo de activismo electoral confinado?

El primer aspecto del proselitismo electoral que se resiente es el relativo al mantenimiento del engranaje de la maquinaria partidaria (precisamente en tiempos de crisis de éstas mismas). Tradicionalmente, la relación entre cuadros, militantes y simpatizantes ha dependido de interacciones personales en medio de un sistema de rituales partidarios -programáticos, clientelares y/o identitarios- que nutrían una cultura partidaria. Si bien, últimamente, el relajamiento de medidas de confinamiento ha permitido mayor contacto territorial, estamos ante una campaña que obligatoriamente ha impuesto un proselitismo dominantemente virtual, sin preparación previa de quienes estaban acostumbrados a “bajar a bases”.

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