Columnas

22 de julio de 2019

La vigencia del pensamiento de Amanda Labarca

Por Ana María Stuven

Igunos ubican su nombre por el liceo de la comuna de Vita- cura; otros, porel pasaje cerca- no a La Moneda. Todos estos edificios y espacios públicos en su honor reconocen a Amanda Labarca (18861975) como pionera y protagonista de varios hitos clave en el siglo XX. Profesora, escritora, diplomática, activista y una de las principales exponentes del feminismo en Chile, también fue la primera mujer profesional en dictar cátedra en la Universidad de Chile. Junto con ello, impulsó la creación del Liceo Experimental Manuel de Salas, publicó varios libros sobre educación pública, aplicando su experiencia y lo aprendido en Estados Unidos; y redactó numerosos artículos que salieron en diversos medios, entre otros la revista Zig-Zag y el diario “El Mercurio”. También ostentó cargos internacionales de primera línea: durante gobierno del Presidente Gabriel González Videla, en 1946, la nombraron representante de Chile en Naciones Unidas. La historiadora chilena Ana María Stuven, autora —entre otros volúmenes— de “La república en sus laberintos” e “Historia de las mujeres en Chile” (este último en coautoría con Joaquín Fermandois), fue contactada por la editorial Hueders para dar forma a un perfil de esta relevante docente e intelectual chilena. “Me ha tocado impartir clases y escribir sobre las mujeres, así que cuando me ofrecieron este proyecto me pareció atractivo y decidí aventurarme en un libro más bien acotado —de 50 páginas— donde pudiera relacionar lo público y lo privado de su figura”, dice a “Artes y Letras”, instalada en su departamento. La también ganadora del premio al Emprendedor/a Social de Revista Sábado de “El Mercurio” 2018 (es fundadora de la Corporación Abriendo Puertas, cuyo objetivo es disminuir la delincuencia a través del acompañamiento y la capacitación laboral a mujeres privadas de libertad) añade que fue un aliciente poder escribir de manera breve, “sin tanta nota al pie de página, dejando volar un estilo más literario. Como historiadores tenemos el deber de acercarnos, sin perder de vista la rigurosidad, a un público que no es especialista y que no tiene el tiempo para leer trabajos extensos”.
Un país aristocratizante
Stuven comienza citando poemas de Nicanor Parra y de Gabriela Mistral. La profesora titular PUC-UDP escribe que “ni pobre ni modesta, menos aún triste y mandona, Amanda Pinto Sepúlveda nació en un lugar de clase media. Vivió las postrimerías del siglo XIX y casi todo el Xx X, entre 1886 y 1975. Casi 90 años”. La investigadora señala que su padre, ofre —un comerciante de ideas liberales—, fue clave en despertar en ella una inquietud por su desarrollo profesional, poco común en las jóvenes de su época. Nació en un Santiago que rondaba los 300 mil habitantes, con casas en su mayoría de adobe, apenas nueve años después de que Miguel Luis Amunátegui, ministro de Instrucción Pública del Gobierno de Aníbal Pinto, había logrado aprobar su famoso decreto que permitiría que las mujeres llegaran a las aulas universitarias. En 1905 obtuvo la Licenciatura en Castellano, en el Instituto Pedagógico de la U. De Chile. Se formó también en la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y en La Sorbonne, en Francia. En los patios del Colegio Santiago College (fue profesora primaria y secretaria de la dirección) conoció a su futuro marido: el profesor y abogado Guillermo Labarca Huberston, activo miembro del Partido Radical, quien llegó a ser alcalde de Santiago y —bajo el seudónimo Huelén— también tuvo una destacada incursión en las letras. ¿Qué la llevó a adoptar el apellido de su esposo? Stuven desliza varias hipótesis, entre otras que Amanda tuvo diferencias con su madre, quien la obligó a casarsealos 19 años, con amenazas de desheredarla. “Pero también probablemente se debió a que era muy admiradora de Estados Unidos y se sintió atraída por esa tradición “gringa” que llevó a que las mujeres adoptaran el apellido del marido. Amanda Labarca, además, fue muy admiradora de la capacidad asociativa de Estados Unidos, de sus comunidades. Ella quería establecer en Chile el modelo delos settlements, movimiento de reforma social en torno a 1880 que buscó dismitruyendo viviendas soci dora continúa con su análisis que, si bien comulgó con algunos principios del positivismo, “también fue cercana a las corrientes espiritualistas de su época. Creo que probablemente pololeó con la teosofía. Le importaban las raíces, pero consideraba que Chile era un país clasista, aristocratizante. En ese sentido fue muy crítica de la clase dirigente de nuestro país”. Ana María Stuven destaca varios de sus legados “como activista por los derechos de la mujer y su enorme aporte metodológico y teórico en temas de educación”.
—-¿ De qué manera su feminismo se opuso a un feminismo más radical y liberal como el de Elena Caffarena? “Ambas se distanciaron, en primer lugar porque Labarca fue seguidora del Partido Radical y segundo, porque Elena Caffarena estuvo casada con un comunista y se instaló mucho más hacia la izquierda. También se distanciaron porque Amanda creyó que haciendo una carrera vinculada a los organismos internacionales, iba a favorecer a Chile. Su labor siempre la hizo mirando hacia el país. Ella también lo dice en innumerables ocasiones que fue tardía en sumarse al sufragismo a favor de la mujer y eso fue bien típico en muchas de las feministas chilenas laicas y católicas, quienes no creían que incorporándose a las estructuras de poder masculino iban a poder realmente avanzar en sus mejoras. Tanto las primeras feministas católicas como las primeras laicas, entre las cuales estaba Amanda Labarca, creían que lo
más importante era conquistar los derechos civiles, tener por ejemplo derecho a administrar un patrimonio propio. Su punto de vista era contra el patriarcalismo. Á poco andar, después de los años 20 y 30, se dan cuentan de que es clave el voto para seguir avanzando en las causas civiles”.
—Ella aboga por un feminismo que bus- ca la inserción laboral de la mujer, pero también buscando una compatibilidad con el hogar.. . “Absolutamente. Ella se da cuenta de que la sociedad chile- na es muy maternalista, en el sentido de que la función de la madre en el hogar es fundamen- tal. Jamás dice que tiene que abandonar el seno familiar. Por el contrario, tiene que insertarse en el mundo laboral, pero con las condiciones adecuadas para que pueda seguir ejerciendo ac- tividades que son propias de la Cultura chilena. Amanda consi- dera que hay sociedades donde todo está preparado para que la mujer salga, ya que hay otras es- tructuras, como las salas cunas, que pueden reemplazar algunas de sus funciones. Ahí hay un tema pendiente y que revela la vigencia de su pensamiento: que la mujer pueda cumplir con lo que culturalmente pertenece a su tradición y, a la vez, ejercer sus labores fuera de la ca- sa. Por otro lado, Amanda Labarca se manifestó en contra de algunos feminismos radicales y antimasculinos de 60, asociados al movimiento hippie, a las protestas anti Vietnam. Se opuso a una historiografía de mujeres que trata de reivindicar su lugar en la historia, sacando el protagonismo masculino”.
—-¿ En qué sentido fue visionaria en materia de educación? “Yaen losaños 20 decía que las universidades necesitaban una reforma profunda. No entrega ejemplos que podamos identificar con la situación actual. Lo que sí podemos suponer es que Amanda Labarca sería, como fue, una reformadora en materias educativas. Ella era partidaria de democratizar la educación, defendió la educación pública estatal y un sistema de enseñanza participativo, de mucho diálogo entre alumnos y profesores. Estaba muy en contra, por considerarlo elitista, de todo este grupo de docentes alemanes que llegaron a nuestro país en la década del 20. Consideraba que esa escuela germana no era lo suficientemente tolerante y abierta. Creía en una educación más democratizante, más incorporadora, más experimental. En ese sentido fue muy visionaria. Creo que le dolería profundamente ver la crisis actual de los liceos y, en general, de la educación pública. Nunca fue partidaria de los movimientos radicales. Fue una gran activista de la educación, pero dentro del sistema estatal. Ese fue su espacio. Jamás habría amparado la violencia”.
La historiadora chilena acaba de publicar un libro en torno a esta importante docente, escritora y una de las primeras feministas de nuestro país. «Ella logró e conciliar su aporte como activista de la educació trabajo teórico, con una preocupación especial situación de la mujer”, afirma la investigadora.

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