Columnas

13 de marzo de 2020

Sangre y esperanza de Gladys

Por Hillary Hiner

El viernes 6 de marzo conmemoramos quince años desde el fallecimiento de Gladys Marín.  Las redes sociales, en particular del Partido Comunista y sus figuras políticas más conocidas, se llenaron de fotos, videos y homenajes.  Varias de estas fotos eran recientes, de retratos o fotos de ella que han ido apareciendo en las marchas y el arte callejero del estallido social.  “Lucha como Gladys, Canta como Violeta” como sale en un mural, adonde aparece Marín, al lado de Mon Laferte y Violeta Parra. De alguna forma, ha habido una resurgencia últimamente de que el Chile de los años 90 y 2000, “no la merecía”, que la habíamos tratado mal. Una amiga recordó como era tan común que cuando chicas, en la casa o en la sala de clases, las más revoltosas, políticas y rebeldes fueron tildadas de “Gladys Marín”. Pero esto no era necesariamente un cumplido. Otra amiga por las redes recordó como Chile se reía de la “comunista” en los lates, o cuando le pidieron que se diera un beso con Joaquín Lavín en la Teletón a cambio de 40 millones de pesos  (¡imagínense el grado de machismo que se pensaba que eso estaba bien!). Definitivamente, la Gladys tuvo que soportar un montón de machismo siendo, tal vez, la figura política comunista más importante de la post-dictadura.

Pero Gladys Marín apareció en la política sólo durante los años 90, sino más bien su carrera larga remontaba a finales de los años 50 y principios de los años 60.  Nacida en Curepto, de la Región del Maule, en 1940, fue hija de un campesino y una profesora de educación básica. Siendo profesora normalista, y después de ingresar a las Juventudes Comunistas en 1958, llegó ser la Secretaria General de la “Jota” en 1963, y, el año siguiente, formó parte del Comando Juvenil de Salvador Allende, en las elecciones que perdió frente a Eduardo Frei Montalva.  En 1965, y con sólo 25 años, fue elegida diputada por el 2º distrito de Santiago, de comunas populares del norponiente de la ciudad. Ella siguió siendo diputada del PC hasta el golpe de estado de 1973. Posteriormente, se tuvo que ir exiliada del país y su marido, Jorge Muñoz, también del PC, fue hecho desaparecer en 1976. Ella volvió a Chile clandestinamente en 1978, pero con varias y entradas y salidas más.  Sólo se pudo volver a vivir con sus dos hijos en 1987, ya que se quedaron en Chile con familia. Fue la primera mujer en presentarse como candidata a la presidencia, en 1999, y sacó el 3,19% de los votos en la primera vuelta.

¿Por qué traigo a colación la historia política de Gladys Marín, más allá de la conmemoración de su muerte?  Porque también quiero hablar de la incidencia de las mujeres jóvenes de izquierda en la política, tanto hoy como en años anteriores.  Es común hoy en día hablar de cómo las adolescentes y las universitarias han cambiado el feminismo, a través del “mayo feminista” del año 2018 y su participación tan visible en el estallido social de octubre 2019, lo cual todavía estamos viviendo.  Muchas de las imágenes que nos llegan a la cabeza al hablar de estos movimientos sociales son de mujeres jóvenes: las secundarias que bajan en masa al Metro a evadir, las universitarias que marcharon en topless y encapuchadas, las jóvenes levantando sus pañuelos verdes todas juntas y gritando por el aborto libre.

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