Columnas

2 de septiembre de 2019

Telaraña

Por Carlos Meléndez

Tomemos la última película de Andrés Wood, Araña, como fuente de hipótesis. La más saltante: existen vasos comunican tes entre la violencia “nacionalista” de Patria y Libertad, y el actual movimiento antiinmigrante en Chile. En el film, dis culpen el spoiler, un otrora joven practicante del anticomu nismo terrorista, agita hoy su desprecio hacia el extranjero pobre y re cién llegado. La obra recrea a un sector específico de la sociedad chile na: a la derecha más recalcitrante. La proyecta cómoda en su ideología einamovible en sus convicciones clasistas; inalterada por la transición, la democracia y el crecimiento económico. Una derecha sin remordi mientos ni moderaciones, que mece sin resquemores su estática sobre una sólida telaraña.

Los personajes del film encarnan lo que en el argot sociológico se de fine como “clivajes”: hondas divisiones (conflictos valóricos o clasistas) que estructuran a la sociedad. Sobre esos clivajes se erige la escisión duo pólica entre las coaliciones de derecha y deizquierda, hoy supuestamen te en crisis. Para algunos entendidos, el fundamento de estas alternati vas políticas proviene de una disyunción socio-moral acaecida en el si glo XIX (liberales-laicos versus conservadores-confesionales). Para otros, se basa en la puja redistributiva (Estado versus mercado) que tomó for ma en el siglo XX. Por último, están quienes apelan a una segmentación en torno a las preferencias por el régimen político, en la transición (de mocracia versus dictadura). En cualquier caso, se trata de rupturas per durables -que tienden a congelarsey transmisibles generacionalmen te. Esta herencia cultural es dramatizada, en la cinta de Wood, median te un “ex” fascista anticomunista que nunca deja de serlo. En tal concepción de la política, los valores conservadores, naciona listas y de mano dura se amalgaman poderosamente hasta determinar las preferencias políticas según la “causa” de turno. Sus antípodas tam bién encuentran su propio nicho político. No es casual que en el Chile actual comentemos una película sobre Patria y Libertad y, a su vez, el pro cesamiento judicial de integrantes del FPMR. Los partidos -sus alianzas y las organizaciones extremistas varían, pero las profundas divisiones so ciales se mantienen.

La representación política en Chile ha buscado cumplir tres funciones: procesar las demandas morales, atender las sociales y proponer una memoria histórica. Las coaliciones partidarias se niegan al retiro porque supieron responder a estas tareas. No obstante, dicho desempeñose com plejiza ante la emergencia movilizada de una agenda más identitaria (des de el feminismo hasta la inmigración) que tiende a sobreponerse sobre los añejos clivajes. El trajinado “duopolio” ha resistido pero acusa la com petencia del Frente Amplio y del Partido Republicano, por mencionar dos antípodas ideológicas. La sobrevivencia de viejos y nuevos partidos de penderá de que sean capaces de capturar los hondos desencuentros de la sociedad chilena que siguen posando en la telaraña de la historia.

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