Columnas

31 de diciembre de 2019

Todo sobre el mecanismo paritario que puede transformarnos en ejemplo mundial de inclusión de las mujeres

Por Carolina Garrido

La paridad irrumpió este año y se ha vuelto tan clave como la dignidad y la desigualdad para entender el 18/O. Tres cientistas políticas de la Red de Politólogas, que trabajan en el mecanismo electoral para la nueva Constitución, explican en esta columna su propuesta. Remarcan la oportunidad histórica que tenemos entre manos. Si el proyecto triunfa en el Senado, sería la primera vez en la historia que una Constitución se hace con paridad de sexos; y la primera vez en Latinoamérica que un órgano compuesto paritariamente define un asunto de máxima importancia política.

El pasado 19 de diciembre, la Cámara de Diputados aprobó una reforma para garantizar que en una eventual Convención Constituyente haya la misma cantidad de hombres y mujeres, lo que se ha llamado integración paritaria. Para convertirse en ley, esta norma debe ser ratificada por el Senado en enero próximo. A pesar de la voluntad esgrimida por diversos diputados y diputadas, ha existido y aún existe muchísima resistencia a la fórmula de paridad que presentamos un grupo de politólogas. En esta columna explicaremos las características de la fórmula que proponemos y por qué consideramos que es la mejor alternativa para lograr una representación equitativa de hombres y mujeres. Si este mecanismo se aprueba, Chile se transformaría en el primer país de América Latina en contar con un órgano paritario para llevar adelante una reforma clave como es cambiar la Constitución. A nivel mundial, la Convención Constituyente paritaria chilena sería la primera en la historia.

Antes de entrar en la fórmula específica, haremos una revisión histórica de la lucha que las mujeres hemos dado por estar y hacer valer nuestros intereses en el sistema político. Esta revisión puede permitir entender porqué, luego de casi cuatro meses de protesta social y la aparición de un fuerte movimiento feminista denunciando la violencia estatal y la exclusión política contra las mujeres, la paridad aún sigue siendo resistida.

Es preciso recordar la naturaleza del movimiento de mujeres y el movimiento feminista. Este movimiento no nació en 2018. La demanda por alcanzar derechos políticos para las mujeres se remonta a la Revolución Francesa cuando, en respuesta a la Declaración del Hombre y el Ciudadano, Olympe de Gauges escribió junto a un grupo de mujeres la “Declaración de la Mujer y la Ciudadana”. La distinción semántica no es menor (para quienes se oponen al lenguaje inclusivo, este detalle es clave). De hecho, De Gauges fue guillotinada por la vanguardia revolucionaria francesa, por no ceñirse a la misión que la Revolución habría guardado para las mujeres (Maffía, 1994).

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